Astrologie Mondiale
(Pratique)

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BALANCE de la práctica predictiva

Por: André Barbault.
París, 1 de julio de 2006.

Traducción: Marcela Ferra Rosales
marrcela@servidor.unam.mx

Aldo González Doring
superduperaldo@yahoo.com

México, D.F.

Es imposible cerrar el expediente de predicciones astrológicas cuando uno se ha esmerado en su optimización y casi en consecuencia, sin que hacia el final de la vida se experimente la necesidad de hacer un balance. A riesgo de caer en la inevitable autoindulgencia, puesto que es difícil ser al mismo tiempo juez y parte, pero sometiéndome de buen grado a la crítica, procuro no ocultar mis errores.

Naturalmente, no podría incluir la nebulosa de predicciones individuales dispersas a capricho por el tiempo y el espacio, escapando a todo control. El único terreno que se presta a una verificación tal es, por supuesto, el ejercicio de la astrología mundial, el teatro de la vida pública.

Primeramente, justifiquemos esta disciplina. La astrología nada tiene que ver con los consejos de un padre de familia o con soñar con Blanca Nieves y los siete enanos.  Por supuesto, es esencial que funcione para una fructífera lectura psicológica del tema; más aún, nada impide ambicionar alguna odisea especulativa. Sin embargo, ¡no es menos bella que la verdad desnuda saliendo del pozo!

Entremos pues en el recinto donde la astrología trasciende nuestro conocimiento dotándonos del poder de la previsión. He aquí una galería, por sí misma un arte, que está dedicada al ejercicio más peligroso del espíritu, vislumbrando lo más inaccesible que hay: el misterio del porvenir. Pero ¿es necesario convertir al practicante en un mago caminando sobre las aguas a fin de traspasarlo más fácilmente?

De entrada, tranquilicemos al incómodo adversario o al colega irritado frente a una experiencia predictiva que él rechaza, molesto por caer torpemente en un error. Yo personalmente he sufrido la segunda de estas ofensas, señalada aquí como: « Una mascarada astrológica ». No obstante, lanzada nuevamente en el mismo lugar por un fastidioso con pretensión universitaria. Es común que el orador torpe arroje la infamia a las sucias manos del mismo que la realiza, deshonrando lo que él no puede alcanzar. ¡Qué! ¿Acaso usted quisiera que se levante el secreto del futuro como en aquel truco en que se saca un conejo del sombrero? Esto es el colmo de la ignorancia. No es cómodamente, desde la posición del espectador, que esas cosas se tratan. Porque hay un mundo entre « hacerla de astrólogo » apaciblemente detrás del « telón » y conseguir « ser astrólogo » como encarnación misma de este arte en su máxima expresión. ¡Mucho menos en perjuicio de la historia –como si esto no fuera suficiente- yo me negaría a reconocer mis propios errores! Quienes me frecuentan  saben que yo he repetido con 20, 15, 10, 5 años de anterioridad, que si no ocurriera inevitablemente un hecho histórico para el mundo comunista, en el gran encuentro de los gigantes Saturno-Urano-Neptuno de 1989, yo abandonaría la astrología teniéndola por una quimera. Este arrojo de sinceridad, no se lo debo a nadie, ni siquiera a un autor no vacunado contra los delirios nostradámicos.

Inicio con la explicación de la práctica predictiva. Es necesario delimitar en seguida la frontera entre dos categorías de predicciones: las excepcionales y las comunes. Digamos más concretamente aquellas que deben merecer un determinado prestigio en razón de su precisión para anticipar un acontecimiento, naturalmente de una importancia histórica correspondiente; dado que las configuraciones mayores se corresponden con los giros más importantes de la vida mundial. Y las otras, las más diversas, de un interés menor, sin que por esto ninguna de ellas pierda su propio valor.

 

UN SOBREVUELO HISTÓRICO

Para empezar, orientémonos pues a las configuraciones sobresalientes y usémoslas en defensa de la causa astrológica, haciendo sonar fuerte y claro su mensaje anunciador. Una manera de ponerse a la altura de esta labor es, abriendo delante de sí una amplia expectativa ante lo desconocido del mañana, estableciéndose así la distancia de un lejano rumbo por alcanzar, reencontrar o reunir en los tiempos de la noche del futuro, un grandioso hecho histórico anunciado.

Para darse cuenta de la enormidad del riesgo que se corre, traigamos a nuestra memoria los fracasos del pasado. Además de los delirios adivinatorios de « Regocijos astrológicos », que veremos aquí, la retahíla de predicciones publicadas en cascada en la revista Los Cuadernos Astrológicos merecen una revisión. Desde el n° 20 (marzo-abril 1949), tenemos el pronóstico de 1939: « Yo veo en los acontecimientos actuales el principio de la liquidación de Europa. Será lentamente bolchevizada, por ataques sucesivos de aquí al final del siglo. Esto es lo que explica, y justifica, la predicción de Nostradamus sobre la futura invasión de los Amarillos y la destrucción de París. » (Gabriel Trarieux d’Egmont). Hasta el n° 125 (noviembre-diciembre 1966): «…que una guerra universal no tendría a lugar entre 1965-1968, que no tendría lugar entre 1981-1984, una inmediata crisis le seguiría. Pero que después de una cantidad de escaramuzas, llegaríamos a una gran guerra al final de siglo, teniendo ésta la gran posibilidad de ser atómica… » (Pascal Mauger). No hace falta añadir más… puesto que está suficientemente claro, la evidencia es contundente: ¡vaya embuste!

Pero no faltan los astrólogos que se equivocan tratando de interpretar lo desconocido del porvenir. Y en todos los dominios. Así, a una cuestión planteada sobre la vía Maginot que se interrumpe en las Ardenas, el mariscal Pétain había declarado soberbiamente: «El bosque de las Ardenas es inexpugnable y si los alemanes tuvieran la imprudencia de internarse, nosotros los atraparíamos a la salida».  Hacia el final de «los gloriosos treinta» los economistas estaban convencidos que se tenía dominada la marcha de los asuntos y que no habría más crisis económica. De la misma forma en que los médicos consideraban que no habría nunca más una pandemia infestando el planeta. Ocurre en todas las esferas que los hombres se equivoquen cuando intentan trazar el porvenir. Aunque esta búsqueda se atribuye a nuestro arte, que dispone de medios que los otros rechazan, navegamos con la misma bandera, entregados a la observación del futuro.

En el gabinete de las curiosidades celestes, hacer hablar al astro mudo no es mediano asunto. Después de haber inspeccionado en todas direcciones, el cazador de misterios no se encuentra sino abriéndose camino a través del escenario evolutivo de la repetición de las revoluciones planetarias. La configuración se carga asimismo del significado de la trayectoria que le otorga el proceso cíclico. Esto nos conduce al recurrente tema tradicional del Gran Año. Recientemente, un pobre diablo de nuestra comunidad, proyectando su Mercurio suicida sobre la escena cosmo-geopolítica, se proponía corregirnos la plana y echar a la basura nuestras grandes conjunciones y ciclos planetarios: un Judas de la causa no lo habría hecho peor.

Justamente en la esencia fundamental de la astrología mundial se haya el triunfo principal del previsionista. Su materia preciosa nos permite encontrarnos con la renovación infinita de las revoluciones sinódicas donde la vida no es más que una perpetua repetición, donde el  arquetipo de la analogía repetitiva transfiere el mismo fondo para cada suceso histórico, la similitud de lo repetitivo se conjunta a la diversidad de lo único. Su código de interpretación se impone: el sínodo o la conjunción de dos cuerpos celestes es renovación del fenómeno y el proceso que encarna sigue las modulaciones de las fases del ciclo correspondiente. Y más raro es el sínodo extendido por un período mucho más amplio, más monumental es su manifestación. Es lo extraordinario que debía imponerse a nuestra atención.

En los años cuarenta del último siglo cuando yo despertaba a esta iniciación no ocurrían treinta y seis fenómenos celestes de amplitud excepcional dispuestos a presentársenos en el curso de nuestra vida. No se entreveían más que dos para desafiar a los pocos que estábamos interesados en la astrología mundial. Desde entonces mi hermano Armand Barbault mencionaba insistentemente la inquietante conjunción Urano-Plutón de 1965, en su Porvenir del mundo en 1939, y los belgas Horicks y Michaux comenzaban a hablar de la tan lejana conjunción Urano-Neptuno de 1992 - la cual nos parecía entonces como al fin del mundo - en su Tratado práctico de astrología mundial de 1941. Tales eran entonces las dos piezas seguras sobre las cuales era necesario apostar con entusiasmo, si se quería acreditar la astrología,  haciéndola encarnar en resultados predictivos históricos.

 

LA CRISIS MUNDIAL DE 1965-1970

La propuesta de Ediciones Albin Michel en 1963 para presentar un cuadro de predicciones de los años por venir,  fue para mí la oportunidad de tratar la conjunción Urano-Plutón tema que ya se abordó en « Balance de la conjunción Urano-Plutón » y también en « Una mascarada astrológica ». Desde su lectura se sabe que el asunto principal de La cirisis mundial de 1965, a modo de « escenario catastrófico » fue aquel de « la decadencia de Occidente ». Así lo demuestra el inicio, a partir de este año, de una caída continua de la natalidad en nuestro continente prolongada por varias décadas (ver tabla de población y sociedades n° 234, abril 1989, París, INED). Y tenemos, ahora, una perspectiva suficiente para percibir la dramática amplitud de este suceso histórico. He aquí una implicación de largo alcance, proveniente de Claude Bébéar (« Globalización: emigración-inmigración ») en La Francia del nuevo siglo de Thierry de Montbrial (PUF, 2002):

«Es una constante histórica, la dinámica demográfica de un pueblo siempre ha condicionado su poderío militar, su expansión económica y su esplendor cultural.

En 1700, Francia, con 20 millones de habitantes, estaba más poblada que Rusia, mientras que el Reino Unido no contaba más que con 8 millones de habitantes, y lo que se convertiría en Estados Unidos, 1 millón. El siglo XVIII fue francés, tras la reducción excepcional de la fecundidad francesa, Inglaterra triplicó su población, allanó su retraso ante Francia. El siglo XIX fue entonces inglés. Al inicio del siglo XX Francia contaba con 40 millones de habitantes, el Reino Unido 38 millones, Alemania 60 millones, los Estados Unidos 70 millones, aumentando a 270 millones en el 2000.  El siglo XX es entonces norteamericano.

¿Qué ocurre hoy? ¿Cuáles son las perspectivas? Se observa en primer lugar un importante envejecimimiento del mundo occidental, más marcado en Europa, vinculado a un aumento de la esperanza de vida y también a la baja de los índices de fecundidad».

Frente a un Tercer Mundo donde el número de mujeres en edad de procrear ha pasado de  400 millones en 1950 a 1 billón en 1993. En resumen, el balance general es, pues, el de una Europa envejecida cuya población decae, además del evidente problema sin resolver de una inmigración sin precedente. Esta mutación continental –hecho principal de nuestra historia- que tuvo origen en 1965, como si los distintos países europeos  se hubieran puesto de acuerdo para restringir juntos su natalidad, no pasa inadvertido en La crisis mundial de 1965, con el anuncio de la « decadencia de Occidente » y ha sido su punto de apoyo. Decadencia demográfica agravada por una caída sin precedente de los matrimonios y del avivamiento de divorcios que cortan el parentesco, vulnerando la descendencia a una mala vida, familias fragmentadas rumbo a una desintegración del tejido social. Y su repercusión económica iba también a afectarnos al cabo de 1980, volteado de golpe la balanza y desplazando el centro de gravedad de la producción mundial del circuito del Atlántico al del Pacífico, después de que Japón había traspasado las economías occidentales en 1965/1970.

En el mismo nivel de importancia histórica está el anuncio de una « segunda revolución industrial » la entrada del siglo XIX vino acompañada de la conjunción Urano-Neptuno de 1821, y algún suceso debía presentarse con la conjunción Urano-Plutón. Es sobre la aventura astronáutica de la conquista del espacio que yo había entonces insistido: « Pero parece que ocurrirá específicamente cuando Júpiter se encuentre con Urano y Plutón en una triple conjunción que entraremos verdaderamente en la era de esa gran aventura cósmica; y sabemos que ese encuentro astral tendrá lugar en 1968 y 1969. ¿Será la primera llegada del hombre a la Luna? » Yo la había referido en 1967 en Los Astros y la Historia: « No sería pues imposible que tuviéramos un primer gran hecho de la conquista cósmica del hombre – la llegada a la luna– en el triple encuentro Júpiter –Urano-Plutón de 1968-1969. » Yo no esperaba tanto: en el mismo día de la conjunción Júpiter-Urano – el 20 de julio de 1969 – Neil Armstrong puso el pie en la superficie lunar, nuestro satélite, visitado por la humanidad, ¡y coincidiendo el mismo día con el trío planetario! Puro golpe de suerte. No empero, en la época en que el pronóstico fue sencillamente formulado ¿cuántos astrofísicos hubiesen podido considerar su realización tan precipitada, como una pauta importante en la astrofísica habiéndolo juzgado entonces imposible? Es difícil de creer que esta proeza del genio humano, única hasta el día de hoy, no haya recibido aún un verdadero y formal reconocimiento como hecho predictivo.

Admito que mis conocimientos en tecnología eran entonces escasos y no supe precisar la naturaleza de « la gran aventura prometéica » anunciada: « Paralelamente a la conquista del espacio, habría que esperar también un nuevo salto gigante en el orden de los descubrimientos de la ciencia, de los hechos de la técnica y de la refundación de los conocimientos. » Lo cual debía ser la revolución de la electrónica, el advenimiento de la informática que ha renovado completamente nuestra sociedad moderna. Pero precisaba: « Es verdad que, también, la conjunción de los próximos años no es más que una muestra del inicio, posiblemente habrá que esperar el sextil de 1990-1995 para instalarse definitivamente sobre esa nueva era. » Debíamos, en efecto, vivir en toda su capacidad aquella mutación histórica mientras el curso de esa conjunción venía a consolidarse con el de la conjunción Urano-Neptuno, el tránsito habría de traer el nacimiento de la computadora y su estrepitoso uso universal con la Internet.

Por primera vez evoqué el encadenamiento de las dos más grandes configuraciones del siglo. Presenté ese texto acompañado de un cuadro de interferencias (reproducido más adelante): « Comprenderemos mejor el valor y la relatividad de esta próxima etapa situándola en un contexto más amplio, es decir, presentando la configuración en su campo de interferencias. A este respecto, la conjunción Urano-Plutón, es también la primera estación del tránsito de Urano en el campo del gran ciclo Neptuno-Plutón, la segunda estación corresponde a la conjunción Urano-Neptuno que tiene lugar en la misma época que el sextil Urano-Plutón, o sea alrededor de 1992. Nuestra configuración de 1965-1966 es pues el primer momento de un doble tiempo cuya segunda mitad llegará a término aproximadamente al finalizar el siglo. Así se dispone todo el siglo para que el mundo dé a luz a una nueva sociedad, una nueva civilización. » Con la computadora personal, el advenimiento de la globalización coronada  por el arribo de la Internet.

Para ser justos, de cara a esas experiencias predictivas y lejos de pretextos, debo, ahora a costa mía, reconocer francamente mis errores. Hay uno –el principal, un monstruo monumental– que empaña gravemente el panorama general de aquella obra de 1963. Es aquel de haber sobrestimado con ligereza la oposición Saturno-Urano, designando sin embargo el título del capítulo como « U.S.A.: esplendor y decadencia ». Justo en 1965, ese país se compromete en una guerra de siete años en Indochina, una guerra en que, por vez primera, perdería (ver las condiciones de esta configuración en « El ciclo Saturno-Urano »). La falta cometida consiste en haber exagerado horriblemente la conclusión: « … los U.S.A., a la cabeza del mundo en cuanto a riqueza, potencia y prestigio, está a punto de pasar la antorcha a la U.R.S.S., llamada a convertirse en la primera fuerza planetaria ». Esto porque en la oposición precedente de 1918-1920, la potencia económica norteamericana había sustituido mundialmente a la potencia europea, el mismo revés en el balance de la relación de fuerzas podía efectuarse entre el bando norteamericano y el bando soviético, convirtiéndose éste a su vez en líder mundial. Sin más explicación, la condena de mi propio texto basta y sobra. En ese caso, la permanencia de lo lineal se impone sobre la dialéctica de lo cíclico, porque hacía falta un conjunto configuracional de un calibre totalmente distinto para conducir a una inversión de la historia anunciada, además de que su continuación lo confirma. Y más aún, hacía falta no estar cegado por la venda del alucinante clima político de la época, al cual yo era sensible como tantos otros… Un pequeño imbécil me acusó de haber querido hacer propaganda comunista, ¡como si mi pasión principal no fuese el arte de Urania además de que únicamente me interesa el resultado de mis predicciones en función de servirle a ella! La prueba es que habiendo comprendido mis errores al interpretar la oposición Saturno-Neptuno de 1971-1972 (ver « El ciclo Saturno-Neptuno »), mi convicción de una decadencia en torno a la caída de la URSS hacia el fin del siglo compone la serie de mis textos titulada « Historia de una predicción ». Y hacía falta mucho valor para osar el nuevo pronóstico, el cual nadie en torno a mí creía: ¿la caída del muro de Berlín y lo que le siguió no sorprendió de hecho al mundo entero? Lo que no impide de ninguna manera tener ese cadáver en mi armario de astrología judiciaria…

Para no torcer la verdad, yo reconozco guardar otros cadáveres en mi armario, pero sin importancia en comparación con el fantasma soviético. Revisando mis textos, se pueden encontrar varias equivocaciones. Por ejemplo, haber creído que con la conjunción Urano-Plutón surgiría una energía nueva que podría sustituir al petróleo y a la misma electricidad, tanto que parecía que esta segunda revolución industrial iba a ser importante, y en realidad no tuvo ninguna influencia en el porvenir. Asimismo, haber pensado que el hombre podría llegar a Marte al final del siglo (o en todo caso navegar más libremente en el espacio) aplicando el revestimiento cosmonáutico al lenguaje de las grandes conjunciones del fin de siglo; mientras que con la Internet y el mismo teléfono móvil estaríamos relacionados con todo el mundo por la imagen y el sonido. Restos solamente de un mal enfoque, un sustituto simbólico equivalente en respuesta a lo anunciado. Ese género de error de afectación, ese desvío, entra en el orden de lo que pasa cuando uno se arriesga a prever, falto de don profético.

Sin hacer de ello un trofeo, otro dictamen predictivo histórico es haber –con cinco años de anterioridad- considerado los dos años 1968-1969 como un punto crítico de gran amplitud. La vez precedente en que los planetas se habían encontrado fue en 1940-1941, el corazón de la Segunda Guerra mundial. No se podría dejar pasar la triplicidad Júpiter-Urano-Plutón sin tomar posición ante su signo anunciador de un nuevo giro de la historia.

Debo recordar el pasaje esencial del texto de 1963: « El periodo general de 1965 a 1971 se presenta astralmente, como una nueva etapa crítica importante de la historia mundial. Esta crisis tiende a surgir alrededor del año 1965, presentándose entonces como el comienzo de un proceso radicalmente transformador de nuestra sociedad, donde la plenitud de los efectos se localizaría alrededor de los años 1968 y 1969… ». Anuncio de una « nueva era revolucionaria »… de un « mundo entregado al despliegue explosivo de fuerzas todavía enterradas en el fondo de la materia y en el fondo de las almas »… « el momento de mayor tensión durante la decadencia de Occidente ».

En 1968 estalla una crisis profunda de gran amplitud en la sociedad mundial. Después del hundimiento de la esperanza de democratización del partido comunista –en la « Primavera de Praga » habiendo sucedido la intervención de las tropas del Pacto de Varsovia en Checoslovaquia– la U.R.S.S., bajo el revés de esta gran fractura, es desacreditada, su descenso se hace en provecho de un maoísmo donde se iza la bandera negra de la anarquía. Paralelamente, con una revuelta estudiantil generalizada, es toda la juventud del mundo que se rebela contra una « sociedad de consumo » pintarrajeada de graffitis y entregada al desorden. Ocaso de una vía política abierta al nuevo juego de « izquierdistas »; una era virgen de minorías activistas, « grupúsculos » de contestatarios perturbadores. Lo que importa más aún, es la derivación de una verdadera revolución de costumbres: un cambio profundo de mentalidades, haciendo tabla rasa con los principios establecidos lo mismo que con los tabúes seculares. El destino de la mujer es totalmente renovado con el predominio de la contracepción, hasta la legalización del aborto. Siendo en el fondo una liberación de pulsiones, donde la droga invade a la sociedad, con un séquito de calamidades: corrupción, prostitución, delincuencia, criminalidad, terrorismo… En sentido paralelo, el mundo comienza a establecer el balance de los estragos de la contaminación en un clima de pesadilla, engendrando en contrapartida un saludable movimiento ecológico. Un mundo distinto se inicia.

En este notable dictamen predictivo, iniciado antes de la mitad del siglo pasado, la focalización exclusiva sobre las grandes conjunciones de 1965 y de 1993 debía, por ende, ser extendida a la aportación del par Júpiter-Saturno.

En La crisis mundial de 1965, yo había de hecho tocado el asunto de forma general presentando el cuadro de las grandes conjunciones de 1900 a 1971 (ver « Una mascarada astrológica »), su simple sucesión, desigualmente repartida a lo largo de los años, fue de por sí elocuente: « De 1900 a 1913 –14 años de duración– se cuentan sólo 4, que están a su vez espaciadas en dos grupos. Luego, de 1914 a 1921, se encuentran de repente 6, de los cuales 4 duran los 5 años de la Primera Guerra mundial. Hay de nuevo un vacío, o casi, en los 17 años que van de 1922 a 1939: 3 conjunciones dispersas. Aparece una nueva concentración de 5 conjunciones durante los 6 años de la Segunda Guerra mundial, de 1940 a 1945. Luego vuelve un período poco ocupado; ocurren en efecto, 6 conjunciones no agrupadas durante los 19 años que van de 1946 a 1964. Llegamos ahora a una etapa ocupada con 4 conjunciones comprendida entre 1965 y 1971, una zona completamente vacía se presenta luego en los años que van de 1972 a 1980. Esta rápida incursión muestra que corresponden a ellas los 14 años de las dos guerras mundiales y los acuerdos de paz que siguen a la primera totalizan cerca de la mitad (11) de las conjunciones, contra las otras (13) ¡repartidas en cincuenta años!» Resumiendo, nuestra configuración principal ocurre cuando la historia está en marcha, renovando el mundo desde la transformación de la sociedad.

Sin saber todavía que ya estaba sobre la pista del tema tradicional del Gran Año, al acontecimiento de las dos súper conjunciones debía entonces integrarse la información general de las grandes conjunciones, ampliándose así al estado de fenómeno cíclico de las revoluciones planetarias que representa el todo, debiendo conducir a la formulación del índice cíclico, inicialmente expuesto en el n° 28 (4° trimestre 1974) de El Astrólogo (« La ley fundamental de la astrología mundial ») con su principal aplicación (heliocéntrica) al 1° de enero de 1975 (980°) y a lo largo del siglo XX. Respetando su valor práctico, el Índice de concentración planetaria de Henri Gouchon, que se había contentado con un reconocimiento del campo zodiacal ocupado por los cinco planetas lentos (de Saturno a Júpiter en 1975), debía conducir al cálculo de sus separaciones angulares, dando cuenta globalmente de las variaciones de dilatación y retracción de los diez grandes ciclos planetarios, es decir, del flujo y reflujo del sistema solar, la conjunción astral hallándose en estado angular.

 

 

 

  

De hecho sujetándome entonces al índice Gouchon, yo había tenido en cuenta el fenómeno en 1967 en: Los Astros y la Historia (Jean-Jacques Pauvert), como se muestra en la portada, con las « Perspectivas mundiales hasta el año 2000 ».

El zigzag de la fluctuación cíclica responde a un clima coyuntural preciso: la caída de 1965 a 1970, en relación con la crisis que venimos mencionando; ocurrida de 1971 a 1975. Y sobretodo, el descenso del tobogán –la más grande caída del siglo– de 1975 a 1980, con una cuneta de 1981 a 1984 –el bache más hondo del siglo– fase paroxística seguida de un tope máximo en 1990.

 

Traducción: Marcela Ferra Rosales
marrcela@servidor.unam.mx

México, D.F.

 

LA CAÍDA DE 1975

Se anunció que los « gloriosos treinta » dotarían al Occidente de una prosperidad económica y una elevación del nivel de vida sin precedente, muy similar continuaría de 1945 a 1974. Ahora bien, mal haríamos en dejar pasar el anuncio, con 8 años de anticipación (en Los Astros y la Historia), de la venida de un tiempo astral que trastocaría las circunstancias mundiales.

« No sería absurdo considerar permanente el crecimiento en Francia al menos hasta 1985 ». Así lo pronosticaba en 1964 el « Grupo 1985 » presidido por Pierre Guillaumat, con la participación de Paul Delouvrier, Bertrand de Jouvenel, Jacques Delors, Raymond Aron… El conflicto petrolero de 1973 habría sido controlado y detrás de ese accidente en el trayecto, el VII Plan francés conduciría entre 1976-1980 a una tasa de crecimiento muy confortable; mientras que el futurólogo Hermann Kahn mostraba al mundo sus curvas optimistas a la imagen de su opulento personaje.

En tanto que nada había sido anunciado yo debía precisar, en El Astrólogo nº 27 (3er trimestre 1974), la entrada de una aguda crisis de « la economía mundial, motor de la historia. Un paralelo a la crisis de 1929-1931, no se puede por consiguiente excluir, conforme al aspecto particular de nuestra economía actual, una escalada de la inflación, disminución o inmovilización de las relaciones internacionales, recesión, huelgas, fin de la expansión, hundimiento o paralización de la productividad y el crecimiento del tren de vida de la sociedad de consumo, el paso de la prosperidad al sufrimiento. » Así, en 1975, el producto interno bruto (P.I.B) de los países industrializados bajó al 0,2%; inicia una oleada que arrastraría a la sociedad mundial y aumentaría a 31 millones la población de obreros parados  pertenecientes a la O.C.D.E., con un sobreendeudamiento de los países del Tercer Mundo y la amenaza de una catástrofe mundial como fondo de la depresión generalizada. Un tiempo de bajos fondos…

 

LA DRAMATURGIA DE 1980-1984

No obstante, lo que más impresionaría para la época sería el anuncio de una « crisis de 1981 a 1984 », cinco conjunciones se concentrarían sobre esos cuatro años. Recordemos también el índice de Gouchon, en el índice cíclico la cuneta de 1981-1984 no se presta a comparación alguna con las dos precedentes de 1914-1918 y de 1940-1944. Aunque de primera impresión no generaría inquietud, estábamos casi delante de un abismo. Es así que en el número siguiente de El astrólogo (nº 28, 4º trimestre 1974) me atreví a formular el sombrío clima presagiado: « Si una tercera guerra mundial tuviera que ocurrir de aquí al año 2000, hay una gran posibilidad de que se sitúe entre 1981 y 1984, 1982 y 1983 se presentan como los años más críticos del siglo. » Pero en seguida precisé: « Nada permite, sin embargo, presentar como necesaria una tercera repetición de un acontecimiento bélico internacional. Solamente podemos decir que estamos en presencia de tres situaciones críticas de contenido dramático semejante. 1914-1918 fue un universo de miseria universal con 9 millones de militares muertos, demasiadas víctimas civiles, matanzas, hambre y epidemias, la gripe española provocaría, por sí sola, en 1918 la muerte de varios millones de personas. 1939-1945 fue también una tragedia planetaria con la muerte de 35 millones de hombres (17 millones de soldados y 18 millones de civiles), el genocidio de los judíos, de los gitanos, de los polacos, de los rusos, la tortura, el hambre… 1981-1984 en riesgo de ser la tercera mancha negra del siglo donde la muerte triunfará sobre la vida, bajo los aspectos antes mencionados. »

Tuve que completar el trágico cuadro predictivo en un texto de El Almanaque de Chacornac 1978: « La nueva crisis mundial », a propósito de « si » (una nueva guerra mundial sobrevendría): « No se asegura un « sí », pero se puede señalar para este periodo la previsión casi certera del recrudecimiento de la agitación guerrera y revolucionaria en el mundo. Pero el estado de crisis aparente podría tomar las características de otro también dominante: a falta de epidemia y de invasión bárbara, hambruna provocada por la explosión demográfica, desastres climáticos, desequilibrio ecológico, crisis tecnológica… »

Conviene revisar los textos (que sin ninguna alteración - ni siquiera disimulada -, ya que no es ese mi sistema uraniano) para juzgar bien mi pronóstico acerca del crítico revés de los años 80. Mis encantadores colegas franceses dan a entender que yo había formalmente anunciado la tercera guerra mundial, como si yo no me apegara propiamente a lo anunciado en una hipótesis provisional que debe siempre atenerse a la probabilidad. Aquello no merece más discusión.

Hablemos primero de la amenaza de guerra. Anunciar que, durante los 25 años de 1975 a 2000, el más grande riesgo de guerra mundial debería localizarse en 1982-1983, constituyó una predicción de una exactitud perfecta, ¡formulada con unos ocho años de anterioridad! Nada más palpable y conveniente que recordar aquí lo esencial de los hechos.

Veamos primero los sucesos bélicos y revolucionarios de los cuales presenté una relación en « El ciclo Júpiter-Urano »: guerra Irak-Irán (1980-1988), « estado de guerra » en Polonia (1981), guerra de la Malvinas Argentina-Gran Bretaña y la intervención de Israel en el Líbano (1982). En 1983 la escaramuza americano-soviética seguida de una intervención americana a Medio Oriente (porta-aviones, porta-helicópteros, acorazados), con atentados terroristas produciendo 239 muertos entre los Marines tras la invasión americana. El Golfo Pérsico en guerra ante la presencia de una armada americana con una treintena de naves para sus irrupciones. Incluso en 1984, 44 buques petroleros fueron hundidos en Irak e Irán. Sin olvidar el rostro de América latina incendiándose: Nicaragua, Salvador, Guatemala, Granada…

Pero por encima de esa serie de eventos, el peligro central es el enfrentamiento americano-soviético en 1983, el último año en que apenas habíamos escapado a lo peor. El presidente Reagan lanza el programa de la « Guerra de la Galaxias ». Una Cumbre USA-Europa-Japón en Williamburg conduce a un despliegue de euromisiles al Oeste, de cara a la implantación de bases nucleares al Este con refuerzo de nuevos misiles tácticos en la R.D.A. y en Checoslovaquia, las relaciones diplomáticas se rompen en Ginebra. Estuvimos al borde del precipicio nuclear, como en la crisis de los misiles de Cuba en 1962. Los archivos revelados de la ex Unión Soviética confirman la extrema gravedad del peligro. El diálogo Este-Oeste sobreviene a la entrada de 1985. ¿Entonces, la predicción tal como fue formulada en su tiempo, no fue adecuada? Es conveniente hacer un recuento histórico como éste para poder juzgar.

Dado que no hubo una tragedia militar mundial, una equivalencia dramática sustitutiva debía hacerse para justificar  « la tercera mancha negra del siglo donde la muerte triunfara sobre la vida ». Ya precisé que, entre las posibles sustituciones anunciadas, sugerí en primer lugar: « a falta de epidemia… », esta fórmula de excepción era solamente una alternativa a partir de una conjetura de la Facultad médica de la época: ya que no debía haber más pandemia, hacía falta, al parecer, renunciar prudentemente a ella, pero había otra posibilidad. Entonces, en el mismo 1983 fue identificado el virus del Sida que venía haciendo estragos desde hacía varios años: surgía una fuente de muerte que habría de devastar al mundo. ¡En 2004, había un total de 45 millones de personas infectadas y el contagio continúa a razón de 5 millones por año! Sin poderlo evitar… En mi texto de El Astrólogo nº 28 yo consideré el riesgo epidémico como primera posibilidad, y señalaba haber encontrado el mismo azote de pandemia con concentraciones planetarias semejantes en el pasado: la « peste negra » en 1347, el « Sudor inglés » en 1485, la sífilis en 1493, tras los estragos de la viruela llevada por los europeos al nuevo continente. Finalmente, ¿mi macabro anuncio no estuvo bien fundamentado?

También es cierto que yo evocaba en segundo lugar: « a defecto » de « la invasión bárbara », porque en el texto de El Almanaque de Chacornac, yo señalaba haber encontrado las mismas concentraciones planetarias en diversas invasiones que, en las sucesivas ondulaciones de la historia, produjeron desenlaces y renovaciones sociales. En el « civilizado » siglo XX, no podía presentarse algo igual. Sin embargo, la inmigración europea (que nada tiene de bárbaro) en curso desde los años 80 debería distinguirse en nuestra configuración. Sin olvidar la laguna de la crisis económica de 1980 a 1983.

A partir de esto, había yo llegado gradualmente a la consideración de las grandes concentraciones planetarias que iban a revelar el tema del Gran Año, la cadena de innumerables micro-grandes años de cinco siglos, que presenté en la misma publicación, el eslabón que nos concernía:

 

 

Siendo cronista en una publicación astrológica de gran tiraje, un colega que gustaba de  « interpelarme » (¿por qué no? y una de sus críticas me fue útil) había dedicado en 1979 un artículo a « La crisis de 1982-1983 » donde figuraba mi texto con el « si » y el « a falta de epidemia ». Sacando a la luz esta declaración, después de una optimista evocación de construcción europea: « Si la voluntad no se debilita, nadie tendrá que sentir « el gran desequilibrio planetario de 1982-1983. »…

 

EL FIN COMUNISTA DE 1989

 No hay duda de que la predicción del fin crucial en 1989 para el comunismo y la URSS fue para mi la experiencia predictiva más fuerte, ¡habiéndolo repetido en múltiples y diversas maneras durante tres décadas! Por lo tanto me siento ligado con esta historia hasta el final. Vuelvo a exponer la aventura a través de una recopilación de sus textos esenciales en « Historia de una predicción », la cual remito al lector.

Retrocedamos al origen de esta experiencia que se remonta a más de medio siglo para descubrir lo inédito. En 1952, un periódico provincial - « El Yonne republicano » - me pidió un panorama predictivo para el año 1953. Yo iba a aprovechar la oportunidad para evocar el cierre de un gran ciclo planetario en ese año, el de Saturno con Neptuno, asociado con el comunismo en general y a la Unión Soviética en particular. La culminación de su trayecto debía ser entendido como signo de un fin y una renovación que les afectaría. Es así que anuncié « un relevo del poder en el kremlin ». Para sorpresa de todos, puesto que se le suponía una buena y sólida salud, lejos de sufrir una cuarentena. Stalin moría el 5 de marzo de 1953. Sin duda esto conduciría a una incisión histórica significativa conforme a la naturaleza de la predicción, esta experiencia se prestaba para hacer más ejercicios predictivos a fin de confirmar el valor del pronóstico.

Había ahí un buen fundamento para lanzarse a una gigantesca aventura: ya que el comienzo del ciclo había correspondido a lo citado en la previsión, apostemos ahora concretamente sobre el final. Así, iba a arriesgarme con un pronóstico fenomenal, haciendo un salto vertiginoso por su larga duración y resaltando la importancia histórica de su término. A propósito de la cita en Defensa e ilustración de la astrología (Grasset, 1955): « En la conjunción de 1952-1953, Stalin muere y la URSS está en plena metamorfosis, ingresa en un nuevo ciclo que la conduciría al fin crucial de 1989. » En efecto, 36 años más tarde los mismos planetas se encontrarían nuevamente en conjunción, un nuevo fin del ciclo, ese reencuentro provocaría algún vértigo, esta osadía era entonces inédita en el medio astrológico internacional.

Por lo tanto, se hacía necesario llevar el riesgo hasta el final para saber si, sí o no, la cita con la historia debía cumplirse en el tribunal del tiempo a la conjunción Saturno-Neptuno siguiente, algo muy importante para el destino del comunismo debía producirse con el desenlace previsto. Porque la previsión tenía la ventaja de lo selectivo. Aquí, sin sustituciones y sin necesidad de recurrir a la puerta falsa de una equivalencia simbólica como en 1983, ahora específicamente el mundo comunista es golpeado, la Unión Soviética está en el banquillo de los acusados; ¡y esto en un balance inicial!

 Así de audaz era el riesgo de emplearse a fondo en busca de la verdad. En cuanto a saber exactamente lo que debía pasar en el lejano año de 1989, era un completo misterio. Pero poco importa lo desconocido: dado que una nueva página de la historia debía ser volteada y que esta gran incisión en el tiempo se esperaba – lo radical muerte-renacimiento o renacimiento-muerte de un fin de ciclo – era suficiente para situar la predicción en toda su grandiosa magnitud. Por lo que hace al contenido del parto histórico en cuestión, las opiniones podían diferir de una a otra, como de una época a otra. Es sabido que al principio consideré que 1989 anunciaba la victoria mundial del comunismo sobre el capitalismo, y no repetiré ese enorme error. Pero ¿usted conoce a un investigador que nunca se equivoque?  Es propio de la evolución del conocimiento corregir los errores: ¿y acaso no lo hice? Después de haber contemplado ya en 1980 una perspectiva de desaparición del régimen soviético, mis últimos textos predictivos señalaban, para el periodo comprendido entre septiembre de 1989 y julio de 1990, « un tiempo de extraversión de corrientes revolucionarias hasta el estallido, lo que prometería desbordamientos populares, masivos con riesgo de reveses para el poder. ¡Era un sueño la posibilidad de proezas de este género para países sofocándose como Rumania, o los países de Europa del Este sometidos al suplicio como Checoslovaquia! »

 

La caída del muro de Berlín en noviembre de 1989, con la cascada de desapariciones de las « democracias populares » iba a conducir en los siguientes meses a la reunificación de las dos Alemanias tras la caída de la columna del templo del comunismo en el país de los Soviets. De una conjunción a la otra, saltamos de la muerte de Staline a la de la misma URSS. ¡Casi podríamos enlazar las coronas a la perfección de la analogía! Naturalmente, el índice cíclico, con su punta superior elevada sobre 1990, también fue ampliamente estimado para este prometedor cambio histórico.

Extraída del Pronóstico experimental en astrología, la presente figura recuerda que, mucho más que solamente una conjunción Saturno-Neptuno, se trataba de una triple conjunción Saturno-Urano-Neptuno. Un importante cruce astral que yo destacaba así en esta obra de 1973, después de haber puesto frente a frente a U.S.A. y la U.R.S.S. a través de los ciclos Saturno-Urano y Saturno-Neptuno, « entregados a la competencia por la supremacía mundial o a una fórmula de sociedad universal » : « Por lo tanto, los dos llegan al final de la carrera, al mismo punto y en el mismo momento, como para fundirse en una corriente única. Este destino común y único de 1989, es el fin por el cual el mundo tiende a renovarse para dar a luz una nueva sociedad. De modo que la gran cita de nuestra historia tiende a presentarse, después de la profunda perturbación de 1982-1983, con este triple cruce astral. » No sin haber añadido: « Es aquí donde podría fijarse la suerte de la humanidad para el siglo XXI. » Además del Tratado Maastricht para una integración europea en 1992.

Así llegamos al fin de la última configuración.

 

LA CONJUNCIÓN URANO-NEPTUNO DE 1993.

Con esta configuración, desde el panteón de la ciudad de Urania, que se me permita rescatar el primer texto que le dediqué, en la flor de la edad y no sin romper un récord, ya que en mis 25 primaveras lo capté con 46 años de anticipación ¡Vaya vértigo…! se trata de un artículo publicado en la principal publicación « ocultista » de la época en Francia, el n° 16 de la revista Destinos de mayo de 1947, repetir su título guarda aquel sabor. En esa época, nuestros recursos en materia de efemérides eran limitados por lo que se esperaba el fenómeno para 1992.

Yo exponía un desarrollo de nuestra sociedad moderna, asignándole cuatro fases similares a las cuatro estaciones, « el invierno del capitalismo » que iba de la cuadratura de 1953 a la conjunción de 1992. Lo curioso aquí es recordar la conclusión del texto: « Llegamos, finalmente, al término del gran ciclo Urano-Neptuno, con la conjunción de 1992 que hace prever una profunda transformación de la sociedad entre 1981 y 1997, pero sobre todo en 1988-1989-1990, en virtud de los tránsitos de Júpiter y Saturno sobre esta gran conjunción. ¿Será el fin del régimen capitalista, una nueva reforma capitalista o un nuevo régimen?.. lo cierto es que, entraremos en un mundo nuevo. »

Lo interesante de esta afirmación es que, medio siglo antes, permitió fijar en el calendario la fecha para un inmenso cambio histórico. Indudablemente, nadie puede negar que hayamos entrado en una nueva era de la historia, en un renacimiento de civilización simbolizada por la llegada de Internet al cabo de 1990, favoreciendo la globalización. Un adiós verdadero al siglo precedente se celebró al siguiente día del alboroto provocado por la caída del muro de Berlín. De vuelta al inicio, delante de un mundo que reconstruir de la nada, así se presentaba el perfil del tercer milenio al levantar el telón.

No podía contentarme sólo con anunciar un cambio monumental de sociedad mundial. Entrar en la gran conjunción, significa todo un recorrido a través de las ramificaciones de sus interferencias. En La crisis mundial de 1965, yo había trazado un pasaje que conectaba la conjunción Urano-Plutón con esta última, colocando una detrás de la otra: el camino que iría del nacimiento de la revolución informática a su instalación generalizada en nuestra vida diaria.

También, en Los Astros y la Historia, tendí un puente entre el grupo de las 5 conjunciones del 1981 al 1984 y las dos siguientes de 1988-1989, próximas a la mayor de 1993: « lo que tiende a presentarse en una primera etapa constituye los preliminares de lo que tiende a liberarse en la segunda; la primera sería una concepción, una gestación, y la segunda el nacimiento. Tendríamos, de hecho, un gran y único proceso general en dos el tiempos sucesivos, el primero a lo largo de cinco años aproximadamente, y el segundo casi durante toda la última década del siglo. » Aquí, tuve la precaución de callar, obnubilado por la negatividad percibida en la primera etapa. También hacía falta – una virtud de origen de la conjunción – evocar su parte de creatividad. Se originó el germen creativo de los primeros años ochenta que transformaron el panorama de las comunicaciones: el advenimiento de la computadora personal doméstica, el fax, el disco compacto, el CD-Rom, el walkman, el teléfono móvil, la televisión transmitida vía satélite, los sistemas para obtener imágenes médicas, la tarjeta bancaria… Este arranque fulgurante conduce al cabo de 1990 a la pronta expansión de la mensajería electrónica via Mail y el mundo digital trastorna la condición humana, es la luminosa aurora de una nueva civilización.

 

Todavía más allá– yendo de la semilla de cada ciclo al racimo de los interciclos entrelazados – proseguimos con la consideración de la cumbre del Gran Año que nos hace pasar, del simple dúo urano-neptuniano bisecular al trayecto semimilenario de un acompañamiento generalizado en el sistema solar.  Un microgran año cuyos límites son marcados por trayectos con extremas concentraciones planetarias, aproximando el índice cíclico al estado original de 0°. Este fenómeno se intercaló entre 1483 y 1982. Un lapso significativo si nos atenemos al juicio de los historiadores que, con Arnold Toynbee, sitúan a finales del siglo XV lo que ellos llaman la « civilización de la Cristiandad occidental », la cual marcó la humanidad con su sello, considerando que es su término lo que se lee en nuestras configuraciones de finales del siglo XX. De la conjunción Urano-Plutón de 1965 a la conjunción Urano-Neptuno de 1993, pasamos de la decadencia demográfica generalizada de Occidente - que llevaba la antorcha de la civilización cristiana desde la llegada del Renacimiento - a un advenimiento cultural de la población mundial para beneficio de otros continentes donde, particularmente el Islam – nacido bajo una anterior conjunción Saturno-Urano-Neptuno (en el año 622) – está en plena exaltación.

 

Al final del texto de El Almanaque de Chacornac  1978, formulé el primer esbozo de un paralelo entre estos periodos de principio y de fin del ciclo: « Al término de esta prospectiva cosmo-geopolítica, no nos volcaremos en una profesía apocalíptica del segundo milenio. Grandes tormentas parecen, desgraciadamente, amenazarnos para entonces, ciertamente, pero el índice cíclico señala un ascenso pleno en los últimos años de nuestro siglo, que llega a la cumbre en 2003. El año 1 del siglo XXI presentará el rarísimo privilegio de ser un año en el cual los diez grandes ciclos planetarios tendrán fuerte influencia; exactamente como en aquellos lejanos años de 1488-1490 con Díaz, Cristóbal Colón y Vasco de Gama, cuando los europeos se proponían conquistar el mundo. ¿Podemos desear algo mejor, astralmente, en el nacimiento del siglo nuevo? »

 

La analogía salta a la vista literalmente: así como estos valientes navegantes abrieron rutas de circulación sobre el mapamundi, hoy, por medio de toques en un teclado, los internautas « navegan » por la Web de un sitio al otro y « surfean » sobre un océano infinito con una velocidad de respuesta casi inmediata. Cada uno puede entrar inmediatamente en contacto oral y visual con otros en cualquier punto del planeta. Tal como si arribáramos, ahora colectivamente, a la remota conquista de un nuevo confín del mundo.

 

Las oportunidades no se limitan sólo a la navegación individual de la Red, al teclado bajo nuestros dedos. Así, el año 2000 fue sobre todo el año número 1 de la revolución genética al descifrase nuestro código genético, y al siguiente año con la generación de clones. Nos falta perspectiva para juzgar la importancia de este ingreso al tercer milenio donde la tecnología digital hace progresos espectaculares y donde abunda la nanotecnología. La colosal conjunción Urano-Neptuno bien podría introducirnos en la era de una tercera revolución industrial.

 

Pero no hay que perder de vista la ambivalencia fundamental muerte-renacimiento en la cual vivimos desde hace un cuarto de siglo, situación dolorosa de la que di cuenta en « La conjunción Urano-Neptuno y la globalización » y mucho más ampliamente en Previsiones astrológicas para el nuevo milenio. Estamos entre restos y semillas, entre la agonía de un mundo que desaparece y la irrupción salvaje de una nueva sociedad que todavía está por definirse. Extremos de una trayectoria análoga a la de un sol solsticial restringido por la inmovilidad en su cambio de sitio. Esperemos que con el impulso hacia la nueva dirección, la sangre corra por las venas de una renovada humanidad engendrada por el naciente micro-Gran año.

 

VISIÓN DE CONJUNTO DE LOS CICLOS PLANETARIOS

Después de nuestra peregrinación reseñando la gran historia en su generalidad, vamos a pasar al detalle de una serie de configuraciones distribuidas a lo largo del tiempo, diseminadas por separado y ocasionalmente cruzadas. No hemos salido del tema de los ciclos planetarios para continuar con el estudio de sus aspectos. Comencemos pues, un inventario general de ellos. No obstante, no podemos extendernos tanto como haría falta para dar cuenta históricamente de tantos episodios. Para una inspección más escrupulosa, es menester remitir al lector a diversos textos publicados en este sitio, en particular el correspondiente a cada ciclo, encontrará una cincuentena de temas ahí expuestos.

CICLO PLUTÓN-NEPTUNO: « El ciclo Júpiter-Plutón » me dio ocasión para citar la semicuadratura de estos dos planetas, incidiendo sobre la crisis económica de 1929-1931. No se trata naturalmente de una previsión, pues entonces aún no había nacido el astrólogo.

Donde no me involucré demasiado fue en el caso de su sextil evolutivo que se extendió desde 1945 hasta finales de siglo. Ocasionalmente anuncié que éste jugaría el papel de un « salvavidas »  (« El ciclo Júpiter-Urano »), como un telón de fondo protector de la sociedad mundial, la segunda mitad del siglo XX pudo, gracias a su intervención, quedar exento de una guerra mundial, además de ser un apoyo viable para los « gloriosos treinta ».

CICLO PLUTÓN-URANO: El mismo texto del ciclo Júpiter-Plutón describe la carta de 1929-1930 que expone la implicación de la semicuadratura Neptuno-Plutón y de la cuadratura Urano-Plutón, ambos amalgamados a una sesquicuadratura Urano-Neptuno; trío pesado al cual se incorpora una oposición Júpiter-Saturno, para formar todo un circuito de disonancias ¡compuesto de diez ciclos! Nudo o combinación apropiada para dar cuenta de la tragedia de la gran crisis económica mundial que, por sus desórdenes y consecuencias, con la llegada del nazismo, desembocó en la Segunda Guerra mundial.

Yo todavía no era suficientemente maduro para descifrar el sextil cuando sobrevino entre el otoño de 1943 y otoño de 1944. Mis lecturas históricas pronto me conducirían hacia la pista de una relación entre este ciclo y Japón y su región. Un aspecto complejo, llevaría al imperialismo nipón a un momento triunfante, seguido de la bendición de un agresor vencido, tras pagar los derechos de aduana por el conflicto de la « guerra fría », el marco de la derrota se desvaneció. Yendo más allá, lo mismo que las disonancias del trío Urano-Neptuno-Plutón de 1930 precipitan al mundo de una crisis económica hacia el hoyo de la Segunda Guerra mundial, vemos en sus armónicos (el sextil junto con el trígono Urano-Neptuno) el fin de la guerra, el desenlace de ésta como trampolín hacia el futuro (pensemos también en el arranque de los « gloriosos treinta »).

Nada anuncié acerca la semicuadratura siguiente, configurada desde la primavera de 1949 hasta la primavera de 1950, limitándome a la observación de este aspecto que coincidiría muy oportunamente con el estallido de la guerra de Corea en junio de 1950.

No es necesario volver al marco predictivo aplicado a la conjunción de 1965, mencionado aquí con amplitud, tras hacer un « Balance de la conjunción Urano-Plutón ».

Ningún pronóstico formulé respecto a la semicuadratura correspondiente a la primavera de 1986 hasta la primavera de 1987, conformándome con publicar algunas notas de observación en los números 74, 75 y 76 de El Astrólogo. Sobrevino una serie de desgracias para la astronáutica: la explosión de la nave americana Callenger, con la muerte de sus siete pasajeros, el 28 de enero de 1986 (Sol cuadratura Plutón y semicuadratura Urano);  los malogrados cohetes Titán el 18 de abril y el Delta el 3 de mayo. Y, lo peor, la explosión del reactor de la central nuclear de Tchernobyl el 26 de abril siguiente, mientras que el Sol llegaba a la oposición de Plutón y a la sesquicuadratura de Urano. Agreguemos que los internautas de ese tiempo conocieron los inconvenientes de la aparición de los « virus » informáticos.

Yo debía, no obstante, dedicarme al sextil de 1995-1996, considerándolo con respecto a la conjunción triple Júpiter-Urano-Neptuno de 1997, teniendo el doble sextil del trígono Saturno-Plutón, la renovación de un sistema solar todo en armónicos: « En esta encrucijada histórica se encuentran y asisten importantes avances científicos y proezas tecnológicas: médicas, genéticas, astronáuticas (sextil evolutivo Urano-Plutón dinamizado por Júpiter y Saturno) en una renovación de valores que compone una cara inédita de nuestras sociedades (Júpiter-Urano-Neptuno). Este estado creativo tiende a expandirse a todas las esferas de la vida pública. Finalmente, estamos a las puertas de un mundo en re-creación. » (El futuro del mundo según la astrología, Le Félin, 1993). Di cuenta de esta mutación de los últimos años del siglo XX que con « El trío Júpiter-Urano-Neptuno », se presenta como el último cabo de la globalización, las computadoras personales a la conquista del planeta…

 

CICLO NEPTUNO-URANO: La bipolaridad de esta pareja planetaria se prestaba a una interpretación de las líneas principales de la evolución de este ciclo. Al principio mi hermano Armand había presentido una aproximación germano-soviética por el trígono de 1940; el cual, se desplazaba hacia dos nuevos signos con dominios inversos, esto luego se convirtió en la coalición angloamericana-soviética. Así sería, si esta interpretación estaba fundada – y no dejé de apostar por esta hipótesis – ya en la cuadratura de los años cincuenta, los aliados luego se harían adversarios, lo que vivimos con la « guerra fría »; luego este par se acercaría al sextil en los años sesenta, el tiempo de la « coexistencia pacífica »; y todavía iba a sumarse la semicuadratura… justamente hasta la conjunción donde desaparecerían los protagonistas ¿El esquema no es perfecto?

CICLO PLUTÓN-SATURNO: Al contrario del ciclo precedente que se presta tan bien a un resumen conciso y límpido de su travesía por la segunda mitad del siglo XX, aquí hace falta volver a las páginas del texto: « El ciclo Saturno-Plutón » para seguir el periplo desde la conjunción de 1947, confrontándolo con las predicciones ya mencionadas que entonces le había dedicado, así como con el número de sus aspectos; permitiendo el juicio desde dos vertientes: el éxito y fracaso. En la primera, el interés por la sincronización de las etapas de los destinos de China, India e Israel. Particularmente en la previsión oportuna (La crisis mundial de 1965) de un enfrentamiento sino-americano para este año (intervención americana a Vietnam) a causa de una yuxtaposición de las oposiciones Saturno-Urano y Saturno-Plutón; luego la otra (Los Astros y la Historia) de una paz sino-americana al paso de estos dos ciclos con sus respectivos trígonos de 1972. Y en la segunda vertiente, el error de evaluación de los resultados sobreestimados. Mi autocrítica se apoya sobre todo en una mala interpretación en el intervalo 2000-2001 con paso del par Júpiter-Saturno a la oposición con Plutón; más que tratarse de una Europa sin aliento – ¿pero no hay algo de verdad en tanto a que la Unión europea llegaría a 25 miembros? – se trataba sobre todo de la marea alta del terrorismo que golpeó Nueva York el 11 de septiembre de 2001 con sus conocidas consecuencias. Aquí, reconozco haber estado lejano a la historia. Pero mi búsqueda tiene sus límites, dedico sólo una parte de mi tiempo a la mundial y a veces por desidia con un cierto retraso; además de la inmensidad de sujetos y tantas influencias (los eclipses, por ejemplo, para citar sólo un caso) que no pude incluir, sabiendo que para aplicarlos correctamente hay que estudiarlos a fondo.

 

CICLO NEPTUNO-SATURNO: Lo esencial ya ha sido mencionado ampliamente en el presente texto cuando hablamos de: « El fin comunista de 1989 », exposición que puede complementarse con « Historia de una predicción ». Hay que precisar, no obstante, que varios aspectos de este ciclo fueron, por mucho tiempo, el objeto de estudios predictivos. El más reciente, antes de finalizar 1989, dentro de un artículo en el n° 48 (4to trimestre de 1979) de El astrólogo, titulado: « La cuadratura Saturno-Neptuno: ¿crisis del comunismo soviético? » y destaca un momento particular de las manifestaciones de ese aspecto: « a mediados y a finales de diciembre del 79 (conjunciones Sol-Neptuno y Mercurio-Neptuno ». El 27 de diciembre de 1979, la Unión Soviética intervenía militarmente en Afganistán, instalando en el mundo una nueva era de la guerra fría en la que habría de enfrascarse.

 

CICLO URANO-SATURNO: Así como « La caída de 1975 » confirma la interpretación particular de la entrada de la cuadratura Saturno-Urano amplificada por la oposición Júpiter-Urano, el ciclo en cuestión se ciñe al ciclo de Kondratief (Previsiones astrológicas para el nuevo milenio, Dangles, 1998). La misma cuadratura involutiva se había presentado en la crisis económica de 1930. Sin embargo, no me había animado completamente a anunciar la cuadratura evolutiva de 1951 (« Informes Francia-Bélgica » de 1/1/1947), la disonancia se había traducido en explosión guerrera (Corea), la ruta de este trayecto cíclico estaba siendo escarpada con bifurcaciones substitutivas. Yo iniciaba entonces mi aprendizaje. Conviene consultar « El ciclo Saturno-Urano » para juzgar mejor respecto al tratamiento que hice entonces.

 

CICLO PLUTÓN-JÚPITER: Con excepción del dúo de las conjunciones Júpiter-Urano y Júpiter-Plutón de 1968-1969, consideradas globalmente, este ciclo es el que menos estudié predictivamente. Me contenté, por así decirlo, con definirlo mediante ejemplos. Esa aproximación permite sacar de ello un mejor partido como en mi texto predictivo: « ¿Hacia la paz en Oriente Medio? ». La historia en curso ya ha confirmado los dos primeros términos: 1) el relevo generacional con el retorno de Saturno sobre la conjunción Saturno-Plutón en 1947 (salida política de Sharon en Israel y acceso de Hamas al poder entre los palestinos); 2) retrocede el proceso de paz en 2006 (núcleo disonante semicuadratura Júpiter-Plutón – sesquicuadratura Saturno-Plutón-cuadratura Júpiter-Saturno). Se espera que la esperanza de paz pueda resurgir con las conjunciones Sol-Júpiter de noviembre de 2006 y diciembre de 2007, el tercer término llegaría con la conjunción Júpiter-Plutón en trígono a Saturno. Un pronóstico próximo al que hay que dar seguimiento…

 

CICLO NEPTUNO-JÚPITER: Al contrario del precedente ciclo, con éste me involucré profundamente. Aposté particularmente por las sucesivas conjunciones de 1958, 1971 y 1984, como las mayores etapas de descanso internacional, luego, en « El ciclo Júpiter-Neptuno » señalé los acontecimientos diplomáticos primordiales, así como el registro de los aspectos del ciclo de 1984 que encaminaron al diálogo americano-soviético hacia la paz. La lectura de « Destino de la Organización de las Naciones Unidas » abre también un debate sobre un resultado menos acertado. Finalmente, en tanto al ciclo de la Quinta República hay episodios particulares que merecen ser mencionados. Por ejemplo, las cuadraturas involutivas sucesivas de mayo de 1968, de mayo-junio de 1981 (los socialistas al poder) y de marzo/octubre de 1993 (la segunda cohabitación política). También está el texto predictivo de El Astrólogo n° 112 (4to trimestre de 1995): « El cambio para nuestro país llega con la conjunción Júpiter-Neptuno al inicio de 1997. ¿Las elecciones anticipadas conducirán al nuevo presidente en turno hacia una cohabitación política opuesta a la del dúo anterior Mitterrand-Chirac? ». Nos preguntamos  un año y medio antes de la sorpresa general del anuncio de las elecciones anticipadas en abril de 1997 y de la sacudida de la nueva llegada de la izquierda al poder con Lionel Jospin. En un artículo del n° 138 (2do trimestre de 2002) de El Astrólogo son comparados los « resultados » de las cuatro oposiciones ocurridas durante esta república, mostrando su unidad. Finalmente, en « La crisis francesa de noviembre de 2005 » (22/11/2005), se estudia el clima de rebelión popular o de « relevo revolucionario » se destaca « la instalación (…) de un cuadratura Júpiter-Neptuno (sensibilización onusina francesa) de enero a abril de 2006, en posible correspondencia con el tránsito solar (sobre Neptuno) en la primera decena de febrero. » Así comenzaron las protestas de estudiantes que protagonizaron manifestaciones cada vez más copiosas (dos movilizaciones de varios millones de personas) por el rechazo de la « Ley de contrato de primer empleo » (C.P.E.) hasta que hicieron ceder al gobierno el 19 de abril de 2006 bajo un clima de crisis aguda (abrogación de una ley votada y promulgada); crisis seguida del asunto Clearstream que pone en contradicho al gobierno. Esta cuadratura involutiva se agrega a las tres anteriores que figuran en este texto.

 

CICLO URANO-JÚPITER: Hay que regresar a la lectura del « ciclo Júpiter-Urano » para comprender mejor la dificultad en la interpretación de sus conjunciones y disonancias, susceptibles de convertirse en varias crisis en cadena. El texto termina, por otra parte, con una autocrítica a propósito de la conjunción de 1983, a partir de la cual la economía mundial remontó, en lugar de haberse hundido como yo lo había temido. Esa es la única oquedad. Además de la crisis asiática en la conjunción de 1997, inesperada, pero cuyo pronóstico de evolución, contrario al pesimismo de los expertos, debía ser confirmado por el impulso considerable de prosperidad económica de finales del siglo.

 

CICLO SATURNO-JÚPITER: En « El destino de Europa », el dúo Júpiter-Saturno es el asunto cíclico sobre el cual más me extendí, hasta el punto de que el análisis de su trayecto corresponde a un cierto conocimiento histórico. Siendo así ¿acaso el resultado predictivo importa?, ¿el esfuerzo hecho es meritorio? Una sola circunstancia, que no habría que desatender, basta para juzgarlo: el gran seísmo europeo de 1989. En una conferencia (« El destino de Europa ») en el congreso Ebertin, en Stuttgart en octubre de 1983, expuse la carta del cielo de la página 12 (extraída del Pronóstico experimental, 1973), para llegar a esta conclusión: « Es fácil comprender que la presencia de la oposición Júpiter-Saturno en el seno de este conjunto es el anuncio de que Europa corre el peligro de ser para entonces el escenario de un trastorno generalizado de la sociedad. » Y este aspecto, con la misma explicación (El Astrólogo n° 84), iba a ser un tema recurrente, en varias oportunidades, en varios congresos (París, Capri, Madrid, Río, Zurich y Viena) de 1983 a 1988. Si añadimos también el artículo « Tormentas sobre 1989-1990 » (El Astrólogo n° 85, 1er trimestre de 1989) que alude a los países de la Europa del este, se verá que no perdí pues mi tiempo. Ciertamente, fue distinta la suerte con que interpreté otros aspectos del ciclo, tema que ya expuse en el « destino de Europa ». Pero tampoco fue una vana esperanza haber señalado el momento de la última conjunción del 2000 en Tauro como la aurora de una nueva Europa implementando el régimen monetario del Euro.

 

LAS CONJUNCIONES SOLARES

Aún queda para la crítica profundizar en la crónica más o menos constante a lo largo de los números de El Astrólogo, en que se comentó la coyuntura nacional e internacional. Entramos aquí al terreno de las configuraciones rápidas, localizando momentos claves de la historia o pasajes significativos de ella. En este contexto, es sobre todo acerca de las conjunciones solares que hice mis aportaciones: la determinación de puntos críticos, de conmociones. Muchos de ellos aparecen en nuestro balance general. No obstante, hay un dominio particularmente recurrente que deseo señalar: la previsión en materia de tendencias pacíficas, dentro de una larga cadena de enfrentamientos a lo largo de una cincuentena de ciclos Sol-Júpiter repartidos en poco más de medio siglo que acabamos de vivir. El trayecto del ciclo Sol-Venus permite un balance apreciable de los resultados: además de la verificación de importantes acontecimientos diplomáticos previstos con mucha anticipación, hubo acertadas predicciones sobre finales de guerra: con dieciséis meses de anticipación para la guerra de Argelia, siete meses para la de Vietnam, además se pronosticaron las siguientes: guerra del Golfo, guerra de Kosovo, guerra de los Balcanes, considero que tan sólo la exposición plasmada en « La conjunción Sol-Júpiter » es de una naturaleza que estremece el escepticismo de muchos honorables incrédulos.

 

EL DESTINO DE LOS PERSONAJES HISTÓRICOS

Nuestra revisión predictiva termina con el cuestionamiento acerca del destino de los hombres de Estado. Una prueba temeraria …

He aquí un caso ejemplar. En el n° 105 de El Astrólogo (1er trimestre de 1994), yo titulaba un artículo: « ¿Un retorno de la monarquía en Bulgaria? », ahí me basé en los datos natales de Siméon II, proporcionados por él mismo a un pariente (Sofía, el 16 de junio de 1937, 6h 30m). Constatando que el par Urano-Neptuno iba a transitarle su Júpiter a 25° de Capricornio alrededor de 1994, se auguraba que este rey destronado podría volver al poder. De hecho, su primera visita a Bulgaria el 25 de junio de 1994 desbloqueó su futuro político y fue elegido para encabezar el gobierno de su país en las elecciones del 17 de junio de 2001, cuando Júpiter transitaba su Sol. Ciertamente, él no tenía el poder de la corona real sobre la cabeza, y no sería sino después del plazo anunciado que él volvería. Podemos considerar tal resultado como un pronóstico parcialmente verificado, análogo a la aproximación de un éxito: su finalidad no cambia a pesar de su cumplimiento diferente y diferido, lo que permite tanto a unos reconocer la verdad de fondo como a otros desacreditar el resultado. En cuanto a mí, el autor, mi defensa es recordar que formulé el pronóstico con un signo de interrogación, estimando solamente haber percibido un determinado regreso exitoso en aquel año. Éste género de aproximación a la realidad es el tipo de resultado que con mayor frecuencia se puede obtener, cuando uno no se equivoca. ¿Pero, qué no es lo esencial?

No puedo evitar mencionar un caso inquietante, por el malestar sentido, el de John F. Kennedy, tratado en mi obra de 1963, quien fallecería a finales de ese año en Dallas y a quien yo había considerado para las elecciones presidenciales del año siguiente. Habiéndome percatado del peligro en torno a él (un atentado contra su persona) por el eclipse solar del 30 de mayo de 1965, escribí: « ¿Cómo podría, en este año, no verse afectado el corazón de su poder, de su autoridad, de su prestigio? No pensamos que sea el individuo el involucrado, que como hombre sea amenazado, pero sí lo es como el representante de USA de donde él es el símbolo solar. Un eclipse es el ingreso en las tinieblas, el debilitamiento vital, el lenguaje metafórico de la astrología no dice más. » Pero ahí estaba ese eclipse y aquel texto concluía: « Lo dicho, ciertamente el cielo de Kennedy, con un problemático Saturno próximo a la culminación – este Saturno en casa X es la peor de las posiciones para un político: es la que se encuentra más a menudo en la casa de los soberanos destronados y de los hombres de Estado que han terminado mal, de Napoleón III a Hitler pasando por Carlos X, Luis-Felipe y Laval – viene cargado de presagios inquietantes para su propia carrera, si no, para su país en el tiempo de su mandato presidencial. » Triste previsión, en el sentido más amplio del término…

Los colegas infames mostraron su sarcasmo a propósito del los errores del capítulo de La crisis mundial de 1965 (1963) dedicado a los hombres de Estado, uno de los más flagrantes era no haber percibido el futuro político de Georges Pompidou; pero no hablaron de los éxitos. Así, de entre los hombres de Estado que yo había considerado como los más amenazados para 1964-1965-1966, dos fueron operados (Gaulle y Franco), dos perdieron el poder (el brasileño Goulart y el indonesio Soekarno) y otros cuatro fallecieron (Kennedy, el alemán del este Grotewohl, el indio Nehru y el sudafricano Verwoerd). Mi culpa fue acceder a una petición editorial y lanzarme a esa acrobacia, aunque haya tenido la precaución de hacer una advertencia de posibles errores producidos por diversas causas (fecha de nacimiento falsa, hora natal errónea, etc.), además del hecho de que una interpretación es particularmente difícil cuando se refiere al poder político.

« Todos los expertos en astrología predictiva habían pronosticado la victoria de John Kerry » en las últimas elecciones americanas de 2004, relata con despecho el presidente de la Federación de los astrólogos francófonos, Alain de Chivré, en La Carta n° 36 del solsticio de invierno 2004. No hay peor complicación que tal ejercicio. La previsión del resultado de las elecciones tiene que ver tanto con lo colectivo como con lo individual. El resultado de las urnas no depende pues de las circunstancias particulares de los candidatos –como si se tratara de una justa entre dos boxeadores sobre un ring- suponiendo que se lean correctamente, además de que cada una de ellas responde un clima subjetivo difícilmente traducible en el resultado electoral. Tal como títeres, los actores de las escenas nacional e internacional son movidos por las fuerzas supra-personales de la historia, y es por su intervención que todo se realiza, el más elegible es más bien el que mejor puede ponerse a su servicio, pudiendo así ser manipulado por ellas. Pero, desde que un hombre es elegido, es más o menos posible dedicarse al ejercicio de la lectura de su destino como presidente del Estado. Cosa que no dejé de intentar con los presidentes de la Quinta República. Con diversos resultados…

 

Charles DE GAULLE: El incipiente viajero sideral que yo era en 1963, redactando en La crisis mundial de 1965 un capítulo titulado: « Francia: el fin del gaulismo », ahora lleva su corona de espinas por haber anunciado entonces un cierto « retroceso de U.N.R. y del gaulismo », hasta el punto de que « la salida de presidente de la República debe ocurrir en el transcurso del año 1965 »; su salud en riesgo podría impedirle presentarse a las elecciones presidenciales de diciembre, « o si lo hace, su segundo septenio corre peligro de tener una duración muy corta ».

Este pesimismo se fundaba en el tránsito de Urano-Plutón sobre su Saturno (nacido en Lille el 22 de noviembre de 1890 a las 4 horas, e.c.), así como en el paso por la oposición Júpiter-Neptuno, augurio de un revés al poder establecido.

El general fue operado de la próstata en mayo de 1964, aunque su salud no se modificaría, pero se mantuvo en su puesto todavía durante cuatro años. Aquí hubo pues francamente un fracaso. Sin embargo, el pronóstico tenía una verdad de fondo de acuerdo con la evolución cíclica de la Quinta República, nacida con la conjunción de 1958 cuando el hombre llegó al poder, la cual debía ser puesta a prueba en el plazo de la oposición. Entonces, para sorpresa general, quedó empatado con Françoise Mitterrand en las elecciones presidenciales de diciembre de 1965. En la reseña histórica del poder gaullista, presentada en El Mundo del 29 de abril de 1969, al día siguiente del adiós político del General, Pierre Viansson-Ponté habla de lo que él mismo llama « el retroceso » de la « gran vuelta de diciembre de 1965 » afirmando que « algo se rompió este día ». El país descubre la existencia de un posible retorno de la izquierda al poder, y habrá que esperar la oposición Júpiter-Neptuno del ciclo siguiente para que esta izquierda tenga la mayoría de edad para poder votar. « La oposición, alentada por el éxito, levantó la cabeza: ya no se rendiría más ante el poder (…) En lo sucesivo, la autoridad del General es una autoridad disminuida y condicionada, además de que su margen de acción se estrecha. » (René Rémond: El siglo XX). Total error de estimación grosero y enorme. Un fracaso total, el silencio de la historia ante el pronóstico que no se cumple en el plazo señalado: la cortina se levanta, pero ningún actor entra en escena. Aquí, al menos, uno de los combatientes de tendencia política muy específica se presentó a la cita del calendario. Pero sin el resultado político anunciado.

Sin embargo, el capítulo en cuestión termina con la siguiente frase sibilina: « ¿Pero acaso el tren de la Quinta República no corre peligro de descarrilar antes del fin del ciclo, con la repentina intrusión en su circuito del conjunto de factores Urano-Plutón de 1968-1969? ». Con la cuadratura del ciclo, « mayo del 68 » iba a barajar las cartas poniendo fin al principado gaulliano en abril de 1969. Este enigmático final del texto, suerte de previsión a ojos cerrados, precede no obstante el acontecimiento por 6 años y puede considerarse como una forma de resarcir el error, una corrección que atenúa lo que personalmente veía como un fracaso.

 

Georges POMPIDOU: La interpretación del tema de Georges Pompidou (Montboudif, Cantal, 5 de julio de 1911, 7h 30m e.c.) figura en El Astrólogo n° 7, 3er trimestre de 1969. Es justo con el tránsito de Saturno sobre el MC que fue elegido presidente de la República. El astro iba luego a transitar su posición natal en la X, en una conjunción disonante, entonces el texto concluía así: Habría que preguntarse si el poder del nuevo presidente no será amenazado real y gravemente bajo este concierto de disonancias personales y generales de 1971. El peligro sería tal vez sucumbir por exceso de confianza. Hombre apreciado por los franceses, Georges Pompidou no tiene tal vez peor enemigo que el conservadurismo que inspira la comodidad, el optimismo y la satisfacción de su feliz naturaleza. ¿Puede esta fuerza estática ser acorde con la coyuntura móvil de una sociedad en plena transformación? Georges Pompidou prematuramente debilitado y envejecido por la etapa saturnina que comienza ¿tendrá la flexibilidad suficiente que requiere tal coyuntura? En nuestros tiempos críticos, el poder se desgasta muy rápidamente… Abstengámonos sin embargo de anunciar lo peor. Se me repudiaría por hacer el mal augurio: la fatalidad de Saturno en la X como anuncio de la caída antes del fin del septenio. ».

Aquí, fui manifiestamente víctima de un error de precisión: mientras que creía este nuevo septenio amenazado en el terreno político, fue la enfermedad, necesitando cuidados a partir de 1971, que hace del presidente un « Georges Pompidou prematuramente debilitado y envejecido ».

En relación con este primer texto, yo tuve que agregar dos notas en el n°25 (1er trimestre de 1974) de la misma revista. La primera titulada «Astralidades de Georges Pompidou»: Saturno pasará sobre el Sol de nuestro presidente de la República en agosto de 1974, luego en febrero y en abril de 1975. Aunque atenuada por un trígono jupiteriano, esta disonancia ¿será un peligro de menguar al sujeto con claras muestras de debilitamiento y envejecimiento? » La segunda, titulada: « La cuadratura Júpiter-Neptuno », dice así: « El ciclo Júpiter-Neptuno de la Quinta República va a pasar por la fase de la cuadratura que se producirá el 19 de abril, el 27 de octubre y 2 de diciembre de 1974. Fase anunciante de un tiempo de crisis para el régimen. Hay que señalar que el clima de esta tendencia podrá llamar la atención más particularmente sobre una u otra de las siguientes etapas que son las de las estancias solares, mercurianas o marcianas sobre esta cuadratura: alrededor del 18/19 de mayo, 30 de mayo, 7 de junio, 16/21 de octubre, del 2 al 8 de diciembre y finales de diciembre. »

Georges Pompidou fallecería el 2 de abril de 1974, al principio de su tránsito Saturno/Sol, el astro estaba todavía en tránsito a su Plutón, y a 17 días de la cuadratura Júpiter-Neptuno. Para la primera fecha de la estación de esta cuadratura, el domingo, 19 de mayo, Francia tenía un nuevo presidente de la República que ya no era del U.D.R. Hay que agregar que en el segundo plazo anunciado nacía el ministerio Chirac.

 

Valéry GISCARD D’ESTAING: El sucesor, nacido en Coblenz el 2 de febrero de 1926 a las 21h 20 m, e.c., también arriba al poder con la culminación saturnina, fue objeto de un estudio predictivo en El Astrólogo n° 26 (2do trimestre de 1974). En lo concerniente a su ejercicio presidencial, con Plutón en la X invocando su inseguridad, yo concluía: « ¿Giscard d' Estaing no terminará su septenio en los Elíseos? Hay motivos para creerlo. Su mandato presidencial corre peligro de acabarse prematuramente y de no pasar la prueba. Podemos preguntarnos si la violencia de la disonancia angular Urano-Marte se traduciría en un peligro de daño accidental, de agresión personal o en el riesgo de una explosión política que ponga fin a su mandato presidencial. »

Si bien, a pesar del error de forma, el honor fue salvado con Pompidou, pero en este caso hay una bifurcación… V.G.D. tiene un bello y bien acabado septenio, y la violencia, está sólo en una liberación en la caza que se pudo observar y en sus conflictos con sus primeros ministros. Tanto así que uno de ellos, Chirac, se convierte en su gran rival. Sin embargo, seis meses después de su llegada al poder, el mundo entraba en la segunda gran crisis económica del siglo, que no dejó de agravarse minando su potencia. Yo anunciaba por otra parte el primer « punto crítico » con el tránsito de Saturno a Plutón en la X « entre el verano de 1974 y primavera de 1975 »: el mismo tiempo de la submersión en esta crisis, que al principio no se quiso tomar en serio.

Mi texto terminaba con el anuncio de un segundo punto crítico: « Llegamos a la oposición Júpiter-Neptuno en junio de 1977. Es la fase en que se produce la caída de la tendencia permitiéndole a la oposición recuperar y arrancarle a la mayoría un poder adquirido por la fuerza y en lo sucesivo amenazado. » Precisamente, en las elecciones municipales de marzo de 1977, la oposición de izquierda superaba el umbral fatídico del 50%, ganando sesenta ciudades de más de treinta mil habitantes. Por lo demás, la mayoría acababa de dislocarse, se había formando una oposición en el seno del poder con la creación del R.P.R. el 5 de diciembre de 1976, por parte Chirac. Esta situación de conjunto no amenazó de ninguna manera al poder en los Campos Elíseos, pero se convirtió en el germen de lo que iba a estallar con cuadratura siguiente del mismo ciclo, dándole posibilidades al adversario, Mitterrand que en la siguiente vuelta ocuparía los Elíseos…

« Conmocionado por la oposición Júpiter-Neptuno de 1977, ¿el reino de los Campos Elíseos resistirá, estando tan frágil, la siguiente cuadratura de otoño de 1980? ». Tal era la nota final que yo publicaba en el n° 48 (4to trimestre de 1979) de la misma revista. Añadiendo: « Doce años antes, bajo la misma fase involutiva del ciclo anterior, ocurrió mayo de 68. ¿Traerá ésta a mediados de septiembre de 1980 el anuncio de una nueva crisis grave para Quinta República? El pronóstico merece consideración. ». Vino entonces un vacío de la historia. Tanto que en el n° 53 (1er trimestre de 1981), yo declaraba que este aspecto « no había producido un efecto espectacular y que seguiríamos preguntándonos siempre por su efecto ». Esto se desencadenó in extremis cuando la cuadratura se rectificó a 6-7° de orbe en primavera de 1981, con el ingreso en los Campos Elíseos de la izquierda el 10 de mayo y las elecciones legislativas de junio, « mayo del 68 electoral » (Mitterrand).

Finalmente – una vez más, por la complejidad de la definición del negativo anuncio – si con Saturno en la X la enfermedad y la muerte alcanzaron a Pompidou en los Elíseos, con Plutón en la X, Giscard d'Estaing termina su septenio con la amargura de un adiós dolorosamente sentido como el mayor fracaso de su vida, seguido del desvanecimiento de su presencia política.

 

François MITTERRAND: Con el cuarto presidente (nacido en Jarnac el 26 de octubre de 1916 a las 4 horas, e.c.), Plutón y Saturno se alojan al mismo tiempo en la X. Aunque es verdad que la hora de nacimiento probablemente esté redondeada y que, sólo para esta hora, Saturno entra en este sector y no podría por lo tanto estar allí un cuarto de hora después. En todo caso, no tuve precaución con esta reserva en el estudio que le dediqué  en El Astrólogo n° 54 (2do trimestre de 1981): « ¿Hoy que está en los Elíseos, qué suerte presidencial podemos preverle? Es muy improbable que él pase allí un septenio entero si se lo juzga por la convergencia de dos posiciones críticas: Plutón y Saturno en X. » Siguen las advertencias de dos puntos críticos. El primero con los tránsitos de Urano sobre Marte y de Saturno sobre el Sol en 1982-1983; y el segundo con el paso de Plutón sobre el Sol entre 1985-1986. Luego, el texto concluía con esta frase: « Previamente, Júpiter y Neptuno habrán renovado su ciclo con la conjunción próxima de enero de 1984. Con o tal vez ya sin el nuevo presidente. »

¡Amargo y categórico fracaso para un presidente que se propuso para dos septenios! Manifiestamente, Saturno no es compatible con el sector X. ¿Acaso no un calvario acompaña al presidente todo ese tiempo? Pasado el estado de gracia del primer año en el poder, comienza para Mitterrand una pérdida de la confianza que toma rápidamente el cariz de una catástrofe, tras el hundimiento de los socialistas en las elecciones municipales de marzo de 1983 (una treintena de ciudades cambian de manos). A fines del 83 rompe todos los récords de impopularidad presidencial. El primer golpe se efectúa con el tránsito Urano/Marte, al tiempo de la conjunción Júpiter-Neptuno cuando se preveía una renovación gubernamental: el presidente es obligado a prescindir de su primer ministro Pedro Mauroy en julio de 1984: no es la salida del hombre, pero sí es el fin de la experiencia social-comunista.

El nuevo ciclo, bajo el ministerio de Laurent Fabius, se sujeta a una gestión de crisis dentro del rigor social-demócrata. Es cuando llega el segundo golpe anunciado por el segundo tránsito crítico Plutón/Sol: ¡vencido en las elecciones legislativas de marzo de 1986, el presidente se deja arrebatar el poder por el adversario y Jacques Chirac se convierte en primer ministro! Situación sin precedente esta « cohabitación política » (típica de la oposición Sol-Júpiter), Janus del poder donde se enfrentan los Elíseos y Matignon. Lo que el presidente había hecho, el nuevo primer ministro lo deshace, particularmente pasando las nacionalizaciones a privatizaciones, la acción política del país va en retroceso, caída tal nunca se ha visto. Ciertamente, el presidente estaba siempre en los Elíseos, pero ya no tenía en sus manos la situación, la derecha demolía sistemáticamente las reformas socialistas e imponía el liberalismo..

En el n° 82, 2do trimestre de 1986 de la misma revista, tratándose de su segundo septenio, yo sólo tuve que recuperar los apuntes iniciales para concluir con esta frase: « Este conjunto ¿no constituye una amenaza de interrupción prematura de la presidencia, ya sea por razones de salud, o por razones políticas? Esto parece posible. Grande, en todo caso, aparece la amenaza. »

Una situación semejante va a repetirse con la tercera cuadratura involutiva del ciclo júpiter-neptuniano con un desastre electoral sin precedentes. Incuestionablemente vencido por una derecha triunfante en las elecciones del 21 y 28 de marzo de 1993 (con el 17,4%  de sufragios socialistas) – el desastre se repite en las europeas del 12 de junio de 1994 – el presidente debe aceptar una segunda cohabitación política con Edouard Balladur. Además de ésto, en septiembre de 1992 debe someterse a una operación de cáncer de la próstata, dos años antes del fin de su mandato. Se trata de un presidente enfermo, afectado ya desde hace años, luchando secretamente con su dolor y extenuado. Ciertamente, él alcanza el fin de su mandato, pero muere poco después, el 8 de enero de 1996.

Es difícil no convenir que si bien el resultado es equivocado en la forma (había tomado no obstante la precaución del lenguaje interrogativo en mis definiciones), no es menos verdadero en lo esencial.

 

Jacques CHIRAC: Parisino del 29 de noviembre de 1932 a mediodía, e.c., el quinto presidente, es elegido el 7 de mayo de 1995 en medio de una coyuntura glacial, tal como yo lo presentaba en un artículo del n° 112 (4to trimestre de 1995) de El Astrólogo: « ¿Es un hecho consumado – ¿quién habría podido saber que Saturno esperaba su turno después de la elección? – recordemos que Jacques Chirac entró en los Elíseos con el favor del tránsito de Júpiter a su Sol-MC. Y puesto que está bajo el signo de Saturno en XII transitado por Urano todavía para todo 1996, la estación de Neptuno para 1997 y 1998, hasta que Plutón pase sobre su Sol-MC en 1998-1999. ¡He aquí la pesada carga de una presidencia bajo el signo de pruebas graves! » Agregué en la nota, por otra parte, que su frío y seco primer ministro  saturnino, Alain Juppé, entraría en Matignon durante la culminación del astro.

En seis meses, el candidato presidencial que había prometido la luna se veía sometido a un descenso nacional, sostenido solamente por el 27%  de simpatizantes. Mi texto acababa, ya sabemos, con el anuncio de la posibilidad de una nueva cohabitación política, como consecuencia de elecciones anticipadas, durante la nueva conjunción Júpiter-Neptuno de 1997, lo cual se confirmaría con la llegada de Lionel Jospin a Matignon. Aquí, es factible decir que el pronóstico también se cumplió en tiempo y forma.

Después de una reelección tempestuosa – primero obtiene el 19%  y después el 82%  - viene el quincuncio del ciclo Júpiter-Neptuno, es a un mes y medio de la oposición en orbe que las elecciones legislativas del 9 y 16 de junio de 2002 hacían volver a Francia a la derecha. Era la inauguración de una experiencia « Chirac II » comprometida con una penosa decadencia del ciclo…

Finalmente, a través de esta laboriosa aventura predictiva concerniente a los personajes políticos, notamos que las interpretaciones individuales se ven favorecidas por desarrollo del ciclo de Quinta República, el « determinismo » colectivo le gana el paso al personal. ¿Pero, quién podría pensar que la previsión astrológica es un arte fácil, en particular en lo que concierne a los hombres de Estado?

 

ELOGIO  DE LA PREVISIÓN

No eludamos la crítica esencial a merced de la cual estamos: la fragilidad de una astrología que tiene más la cabeza en las nubes que los pies sobre tierra. Sin duda nuestro conocimiento sufre de inconsistencia empírica y esa es la carencia que hay que remediar. Entonces, ante la realidad, no hay nada mejor que someter la lectura del calendario astral histórico al testimonio de sus periodos cíclicos. La exposición general que aquí presentamos sienta el precedente.

Sin contenerme, presumo, ¿no debería agradecérseme, a pesar de mis errores e insuficiencias, el haber hecho hablar al arte de la predicción astral en su beneficio? A manera de una elegante reverencia, al menos puedo esperarla, lejos de ser una ceremonia de despedida, este balance provisional es sólo una invitación a continuar con la experiencia que ahora inicio. Confirmando que la predicción astrológica no es una quimera y que su arte logra mejorarse siempre con el propósito de conseguir resultados cada vez más comprobables. Al filo del tercer milenio, el mensaje que les envío a mis sucesores es, desearles que tengan éxitos todavía más plenos. Lo cual también sería para ellos el mejor modo de otorgarse el mérito de saber interpretar las cosas de allá arriba, dado que la previsión mundial es un noble ejercicio elevado al rango de un himno devuelto a la majestad del templo de Urania.

 

París, 1 de julio del 2006.

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