Astrologie Mondiale
(Pratique)

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HISTORIA DE UNA PREVISION

 

Antes de comenzar a contaros esta historia, debo pedir disculpas por estar personalmente en el corazón de la misma. Es una cita conmigo mis­mo a la que no podía escapar, pues, considero que debía rendir cuentas de este balance.

 

En circunstancias semejantes, poco importa la persona del operador: solamente cuenta la pre­visión realizada. Si yo estoy implicado en vez de otra persona, lo único que hay que ver es que soy consecuente con mi necesidad de verdad. Siendo muy joven, me marcó un fracaso vergonzoso que me hizo perder la medida y la ilusión humana en nuestra patria de Urania, convertida para mí en un país de utopía, decidí entonces dedicarme a la línea más dura de la práctica, en el terreno del «pronóstico experimental» que, a la hora de la verdad llama con los hechos que suceden o con los que no, al mismo vencimiento de la configu­ración a prueba. Una forma de depender sola­mente de una única lectura de las efemérides; a ser posible, con la vista a lo lejos para que nada sea sospechoso, en una especie de cita con la his­toria de los años, incluso con décadas de antela­ción, de forma que la previsión deviene un salto gigantesco en la anticipación del porvenir. El gran riesgo último... tratado así, hace que la pre­visión vuelva a ocupar su sitio eminente en el templo de Urania, en celebración de su triunfo.

 

Voy a revivir esta historia mostrando cómo evolucionaron las cosas.

 

Todo comenzó en 1936, cuando, bajo mi mira­da candida de neófito, mi hermano Armand re­dactó un artículo para la revista Consolation, donde improvisaba una exposición para el Fren­te Popular, debido a la oposición que en ese mo­mento tenía lugar entre Saturno y Neptuno. ¿No había sucedido la revolución rusa de 1917 bajo la conjunción de esos planetas? Algo sospechába­mos acerca de que mi hermano trabajaba sobre esta hipótesis en su diario: L'Avenir du monde «Le Théme du XX' siècle», 1938-1939). La corre­lación toma forma. Todos llegarán a admitirlo, al menos en el mundo francófono.

 

Mi hermano se quedará allí, lo fuerte de su in­vestigación será la alquimia. En cierta forma, me delega el trabajo al encargarme que lleve más lejos la verificación histórica para obtener una cantidad suficiente de correlaciones. Así es có­mo el ciclo Saturno-Neptuno se convertirá para mí en el primer terreno cíclico explorado, la ex­periencia piloto en el estudio de los ciclos.

 

El trabajo sigue su camino: el N°. 20 de los Cahiers Astrologiques (marzo-abril 1949) pre­senta, bajo el título: Cycles planétaires, mi pri­mera exposición interpretativa sobre un conjunto de ciclos, entre ellos el ciclo Saturno-Neptuno, brevemente descifrado.

 

Esperé la nueva conjunción Saturno-Neptuno de 1952-1953 para permitirme el primer pronós­tico, publicado (como respuesta a una solicitud de previsiones anuales) en el periódico L'Yonne républicaine del 1 de enero de 1953. Habiendo servido para realizar un duplicado en ocasión de la siguiente conjunción del año 1989, daremos a conocer ese texto un poco más adelante.

 

Pero el señalamiento del año 1989 llega. Es verdadero solamente a título de plazo, como punto indicador de un derrumbamiento histórico de carácter revolucionario; pero, ¡34 años antes! Esto se menciona en la página 189 de mi Défense et Illustration de l'astrologie, publicado por Grasset en 1955.

 

La figura 1 presenta los 6 últimos encuentros o conjunciones de los planetas Saturno y Neptuno, que se reproducen cada 36 años, acompañados por movimientos colectivos o realizaciones revo­lucionarias. De allí la justificación de este primer texto:

 

Durante la conjunción de 1952-1953, Stalin muere, y la U.R.S.S. se halla en plena metamorfo­sis: se compromete en un nuevo ciclo que la llevará a la fecha capital de 1989.

 

Ocasionalmente, me arriesgué a formular al­gunas previsiones sobre aspectos del nuevo ciclo, siguiendo la línea de las tendencias históri­cas: con el sextil de 1959 (distancia de 60 gra­dos), el XXI Congreso, el comienzo de la coexis­tencia pacífica, Camp David, además del desa­rrollo económico y la carrera al espacio. Duran­te la cuadratura de 1963 (90 grados), la crisis del Caribe, el conflicto fronterizo indio y la escisión Moscú-Pekín. Durante el trígono de 1965-1966 (120 grados), el reinado de la coexistencia pacífi­ca, de Gaulle a Moscú y Kossiguine a París, Glassboro, la paz indo-pakistaní de Tachkent y la liberalización del campo socialista europeo. Durante la sexquicuadratura de 1968 (135 gra­dos), la intervención en Checoslovaquia y la flota soviética en el Mediterráneo. Pero debo re­conocer que di un traspié durante la oposición de 1971-1972 (180 grados), estimando que podía co­rresponder a una mejora en la potencia econó­mica americana (!) y a una declinación del papel dirigente del modelo soviético en el movimiento revolucionario internacional. En el momento más álgido del expansionismo soviético -del Cai­ro a Hanoi pasando por Delhi- se inicia el decli­ve del régimen, simbolizado por la coronación al premio Nobel del disidente Soljénitsyne.

En Les Astres et l'Histoire (Pauvert, 1967) se hallará toda la documentación histórica sobre nuestro ciclo en una serie de exposiciones, que fui acumulando pacientemente:

 

Las conjunciones de 1773 a 1953 (págs. 48-49);

 

los aspectos sucesivos de los ciclos 1846-1882, 1882-1917, 1917-1953, y 1953... (págs. 86-94);

 

las conjunciones Sol-Neptuno desde 1917, las conjunciones Marte-Neptuno desde 1933, las oposiciones Sol-Neptuno desde 1933 y las opo­siciones Marte-Neptuno desde 1941 (págs. 135 a 150);

 

la Revolución de 1848 (págs. 247-249).

 

Respaldado por una confrontación histórica de este calibre se puede pretender estar en pose­sión de una auténtica correlación que autorice el pronóstico.

 

Así es cómo llegamos a la segunda formula­ción de previsiones relativa al año 1989. Figura en la págs. 151-152 de la obra publicada por «Vi­sión Libros», 1973: «El Pronóstico experimental en Astrología». Por lo tanto, ¡son 16 años de adelanto con respecto a la historia! Este es el texto:

 

La segunda previsión guarda relación con la conjunción Saturno-Neptuno y ha sido publicada en el periódico L'Yonne républicaine, del 1 de enero de 1953:

 

«Debido a que el partido comunista ruso nació bajo la conjunción de 1881 y que tomó el poder du­rante la de 1917, debemos creer que el año 1953 será capital para la U.R.S.S. De hecho, el régimen sovié­tico se encuentra a finales de un ciclo, y al mismo tiempo, en un ciclo de renovación. En lo que respec­ta al fin del ciclo, podemos esperar una revisión inte­rior y quizás un cambio de hombres de estado en el Kremlin. En lo que concierne a la renovación, hay que preveer una vuelta a la actualidad de la causa comunista en el mundo o al menos de la causa revo­lucionaria. La política soviética encontrará eco en otras naciones, hasta ahora indiferentes u hostiles hacia ella...»

 

Ante la sorpresa del mundo entero, Stalin muere el 5 de marzo de 1953: es la inauguración de una nueva era para la U.R.S.S. y para el comunis­mo. Por otra parte, en Moscú se descubre una vo­cación revolucionaria nueva al apoyar a la causa descolonizadora y a los nacionalismos afro-asiá­ticos; rompe su aislamiento al comprometer su so­lidaridad política con el «tercer mundo» naciente.

 

Gracias a este éxito, ¿me darán más crédito si considero a la próxima conjunción Saturno-Nep­tuno de 1989 como el anuncio de un nuevo «gran estreno» para el destino de la Unión soviética o del comunismo mundial?

 

Mi intención era hacer un duplicado delibera­do, acertar dos operaciones previsionales seme­jantes a través de la repetición del mismo fenó­meno. Se trataba de señalar la fecha; era cosa hecha.

 

Pero, en el mismo libro, siempre con un ade­lanto de 16 años con respecto a la historia, la aventura previsional todavía llegaría más lejos en un capítulo consagrado a las «coyunturas his­tóricas».

 

En principio, había presentado dos etapas precedentes: la metamorfosis coyuntural de una nueva crisis mundial para 1975, así como la con­centración planetaria del fondo de la crisis de 1982 (la economía del «campo socialista» de Eu­ropa del Este, también gravemente afectada por la recesión de los años 1980-1982, no se había re­cuperado de esta crisis, siendo este derrumba­miento la causa principal del hastío de los pue­blos y de la deserción a sus régimenes). En úl­timo término, yo exponía el gráfico de la figura 2, correspondiente a 1989.

 

Esta figura astral estaba acompañada del co­mentario siguiente (página 222):

 

A pocos años de estas fechas, descubrimos a un trío planetario completamente excepcional: Sa­turno, Urano y Neptuno que se reúnen a princi­pios de Capricornio en el curso de los años 1988 y 1989, éste último año será más significativo debido a la triple oposición de Júpiter a esta conjunción. En ese momento, podría establecerse la suerte de la humanidad para todo el siglo XXI. Hemos visto a nuestra moderna sociedad capitalista evolucionar a lo largo del gran ciclo Urano-Neptuno desde co­mienzos del siglo último. Igualmente, hemos visto ponerse en marcha la última conjunción Saturno-Urano en 1942 y la última conjunción Saturno-Neptuno en 1953, U.S.A. por una parte, y por la otra la U.R.S.S., se lanzaron a una competición por la supremacía mundial o por una fórmula universalmente válida. Ahora bien, estos dos compe­tidores llegan aquí al final del recorrido, en el mismo punto y en el mismo momento, para fun­dirse en una corriente única. Este destino común y último de 1989, es el plazo en el cual el mundo se renovará para dar nacimiento a una nueva socie­dad. De manera que la gran cita de nuestra historia tenderá a presentarse, después de la profunda agitación de 1982-1983, durante este triple cruce astral...

 

 

Era una conclusión a la cual había llegado hace ya 21 años cuando en Les Astres et l'Histoire (Pauvert, 1967), en la página 297, decía...

...este triple encuentro planetario será la reu­nión astral más importante de todo el siglo XX... dos resurgimientos históricos... el americano y el ruso, bajo los auspicios de dos principios distintos: el capitalista y el comunista... ambos participantes se encuentran al final de la carrera, el destino últi­mo es 1988-1989, a cuyo término el mundo se re­novará para dar nacimiento a una sociedad nueva. Indudablemente, la gran cita de nuestra historia tiende a presentarse en este triple cruce lineal que va de 1988 a 1992.

Y en la página 299:

...la gran metamorfosis de la sociedad se produce favoreciendo una fusión, una síntesis, en la que Neptuno asimila a Urano, es decir cuando la socie­dad nueva toma de la antigua y es mucho menos la antagonista que la continuadora; y es la imagen misma de la huella lineal de las corrientes que con­vergen al mismo tiempo y en el mismo sitio, como dos afluentes convirtiéndose en un río.

Cuando vemos que guiados por el báculo o prácticamente bajo la bendición de la U.R.S.S., ella también en proceso de mutación social, to­dos los países del bloque de Europa del Este se han convertido a sí mismos, pasando con armas y maletas, con la desaparición del «telón de ace­ro», a las virtudes occidentales de la democracia, esta imagen fluvial de fusión de corrientes histó­ricas se vuelve muy adecuada -se habla ya de un proyecto de confederación de una Europa que se extenderá desde el Atlántico a los Urales- sea cual sea la nueva tendencia de la sociedad mun­dial, siempre polarizada entre sus aspiraciones de derecha y sus anhelos izquierdistas.

Nueva versión algunos años más tarde. Esta­mos en 1980, todavía con un adelanto de 9 años con respecto a la historia. En una obra que apa­rece en el Club del Libro: Nostradamus, redacté un capítulo titulado: «El destino de la Unión So­viética».

Expongo dos exégesis del profeta de Salón. Según Jean Monterey, la cuarteta 50 de la IV centuria dice:

«Que siete no tiene rango en la Jerarquía»

se aplica al régimen de la Unión Soviética, ésta es la conclusión: dicho régimen dejará de existir cuando siete dirigentes sucesivos hayan ocupado el Kremlin. En esa época ya se habían sucedido cinco: Lenin, Stalin, Malenkov, Khruchtchev y Brejnev; luego vendrían Andropov y Chernen-ko. El octavo sería Gorbachov en 1985...(?) Y según Vlaicu Tonescu, más preciso aún, el final más o menos dramático del régimen soviético es­taría inscrito en un pasaje de la Epístola (Carta) a Enrique II («...y será en el mes de Octubre, nueva Babilonia, hija miserable, crecida bajo la abominación del primer holocausto, y durará se­tenta y tres años, y siete meses... »), también nos advierte en la cuarteta 74-IV:

«Tres y setenta la muerte vendrá segura.»

Lo que nos lleva a junio de 1991. Valiéndonos de la astrología mundial y recordando mi experi­mento previsional del ciclo (el último en el nú­mero 48 de L'Astrologue con la cuadratura Saturno-Neptuno cayendo sobre la crisis polaca y la intervención rusa en Afganistán), llegué a la siguiente conclusión:

Quien vive semejante aventura termina por ad­quirir una serenidad de pensamiento. Se puede creer o no creer: nada cambia. No hay ni una sola duda de que la U.R.S.S. vivirá un momento de cambio decisivo y capital para su historia, cuando se renueve el ciclo Saturno-Neptuno con la con­junción de 1989. Por añadidura, las circunstancias quieren que esa gran conjunción se forme al mis­mo tiempo que otras dos, será precedida por la conjunción de Saturno-Urano (ciclo de 45 años) en 1988 y seguida por la conjunción Urano-Neptuno (ciclo de 171 años) en 1992. Debemos decir que esta triple reunión astral anuncia, durante los años 1988-1992, un gran trastorno planetario, un cambio de la sociedad, que afectará a todo el mundo y en especial a Rusia. El fenómeno astro­nómico relativo a este país se centrará entre di­ciembre de 1989 y marzo de 1990, pero es posible un desfase de un año o año y medio en la manifes­tación de sus consecuencias. Por tal motivo, el plazo dado por Nostradamus y percibido por su exegeta lonescu podría recibir la consagración de la historia.

A este informe se agrega todavía una nota que termina el artículo sobre «El tema de la Rusia soviética», aparecido en el número 67 (tercer tri­mestre de 1984) de L'Astrologue. Nota a propó­sito de las configuraciones astrales del 30 de di­ciembre de 1922, en relación con la constitución de la U.R.S.S.:

 

¡Con un Sol a 8 grados de Capricornio que reci­birá el tránsito de la conjunción Saturno-Nep­tuno de 1989! ¿Quién puede dudar que ese mo­mento constituirá un giro crucial para el destino de la Rusia comunista?

Y además, es el mismo toque de campanas que no yo he cesado de repicar durante numero­sas conferencias internacionales.

En octubre de 1983, en Capri, presenté una exposición sobre «El último giro de 1990», re­produciendo el alineamiento planetario del oto­ño de 1989. Esta es la interpretación que daba:

Semejante configuración juega con las diversas piezas de los ciclos planetarios que hacen referen­cia, cada uno de ellos, a un movimiento histórico particular: Europa con el ciclo Júpiter-Saturno, U.S.A. con el ciclo Saturno-Urano, la U.R.S.S. con el ciclo Saturno-Neptuno, la sociedad capita­lista moderna en su conjunto con el ciclo Urano-Neptuno... Sintéticamente, representa una gran encrucijada histórica en la que todos esos poderes se reúnen para vivir en común una historia única de muchas facetas y múltiples manifestaciones.

Y lo mismo expresé en Río de Janeiro, en 1985, al precisar que esos seis ciclos planetarios reunidos en un momento existencia! común da­rían lugar a un cambio histórico cuya finalidad sería la renovación profunda y general de la so­ciedad mundial.

Ya, durante una conferencia realizada en oc­tubre de 1983, en Stuttgart, sobre «El destino de Europa», había puesto nuevamente de relieve nuestro nudo interplanetario:

...Es fácil comprender que la presencia de la opo­sición Júpiter-Saturno en el seno de este conjunto nos anuncia que Europa podría llegar a ser el tea­tro de un cambio general de la sociedad.

Y cuando, en mayo de 1987, en Zurich, hice una exposición sobre «El encuentro de Saturno-Urano-Neptuno», tuve la necesidad de precisar:

Y ahora, estamos en vísperas de una nueva con­junción Saturno-Neptuno. Nadie duda de que anuncia una nueva etapa crucial para la Unión Soviética, un rumbo renovador. Así como tam­bién puede significar diversos movimientos revo­lucionarios en el mundo. Con respecto a la U.R.S.S., ¿debemos tomar en serio la política de democratización emprendida por el nuevo líder del Kremlin, Mihail Gorbachov? Quizás, éste sea el cambio fundamental que se anuncia en el hori­zonte. Gorbachov tal vez pueda hacer lo que no logró Khruchtchev, debido a que llega el tiempo de la conjunción.

E igualmente, en septiembre de 1988, en Viena, retomando un texto de L'Astrologue Nú­mero 80 (4°. trimestre de 1987):

La actual conjunción de Saturno-Neptuno, ¿no indica el anuncio del éxito de la Perestroika de Mihail Gorbachov? ¿Quién sabe si estos cambios en curso no van a dividir este mundo en dos blo­ques heredados de la Guerra y de Yalta? Por ejem­plo, en lo que respecta a la futura integración de la economía del bloque soviético (Comecon) en el mercado mundial, ¿la Unión Soviética se transfor­mará del enemigo de ayer en «socio» como lo son entre sí los Grandes del mundo liberal?

¿Acaso me limito a propalar lugares comu­nes? Debo rememorar el estado de espíritu que reinaba. Hasta el último momento -a comienzos del otoño de 1989-, mi previsión de cambio radi­cal en el Este dejaba escépticas a la gran mayoría de personas «bien situadas» con las cuales yo te­nía ocasión de hablar. Basta, para dar el tono de la opinión general, recordar dos artículos escri­tos en vísperas del 70avo aniversario de la Revo­lución de Octubre. Uno, de Pierre Daix en Le Quotidien del 9 de noviembre de 1987, titulado: «La musiquita de Gorbachov», según el cual la Perestroika, sobre un fondo de cinismo, «sólo renueva algunas coplas de la eterna canción»; el otro, de Cornelius Castoriadis, en Liberation del mismo 9 de noviembre de 1987, titulado: «Gor­bachov y sus reformas imposibles»: «La ilusión de Gorbachov es que se puedan introducir en un país como la Rusia actual reformas desde lo al­to» (...) «Ya que una modernización introducida desde la cúspide del aparato tiene en él su princi­pal obstáculo». ¡Un CQFD de hormigón!

No hay que asombrarse pues si la auténtica avalancha de hechos ocurridos entre septiembre y diciembre de 1989 ha sorprendido, golpeado y trastornado a todo el mundo. Debemos reconocer que el destino ha contribuido a ello, pero, ¿nosotros, los astrólogos, ¿también estamos sor­prendidos?

Este es el lugar adecuado para recordar que cuando se aproximaba el plazo en que debían ocurrir los hechos, yo insistí personalmente sobre la posibilidad de que viviríamos un clima revolucionario particular.

Ya en «El encuentro Saturno-Urano-Neptu-no» de L'Astrologue N°. 80, 4° trimestre de 1987, a la conjunción Saturno-Neptuno le atri­buyo una doble manifestación:

Nadie duda que anuncia una nueva etapa crucial para la Unión Soviética, un rumbo renovado. Así como también puede significar una oleada de co­rrientes o un desencadenamiento de movimientos revolucionarios en el mundo.

Pero yo llegué a una conclusión que me permi­tió dar título a un artículo: «Tempestad sobre los años 1989-1990», en el número 85 de L'Astrolo­gue (ler trimestre de 1989):

Así es como la oposición Júpiter-Saturno en sí misma (septiembre de 1989 a julio de 1990) nos in­forma de un giro crítico para la Comunidad Euro­pea, directamente relacionado con la nueva crisis, que está condenada a sufrir una prueba mayor an­tes de alcanzar su plazo histórico marcado por el año 1992.

 

Pero sobre todo, hay que recordar que Júpiter se opondrá a la conjunción Saturno-Neptuno en este mismo período de septiembre de 1989 a julio de 1990. (...) Podría significar un tiempo de extraver­sión de las corrientes revolucionarias hasta el esta­llido, lo que promete desbordes populares, mani­festaciones callejeras masivas con el riesgo de las consecuentes caídas desde el poder. Se sueña con la posibilidad de un estallido de ese tipo en los países que se hallan asfixiados como Rumania, y los paí­ses del Este, mantenidos bajo la picota como Che­coslovaquia.

¿Se podía ser más explícito en tan pocas lí­neas?

¡Es como el auténtico derrumbe de un imperio que el mundo va a presenciar en el curso de este memorable 1989! Será el fin de toda una época... Termina la era de la postguerra.

La sacudida de la historia comenzó en octu­bre, pero el cambio se había iniciado en la misma U.R.S.S. -cabeza del cortejo- durante la prima­vera de 1989. Después de la novedad de las elec­ciones legislativas en todo el país, Moscú se per­mite un Parlamento donde una oposición activa se expresa sin tapujos. Luego siguió Polonia donde, después del triunfo de Solidaridad en las elecciones, el país elige el 19 de agosto un Primer Ministro no comunista, a la cabeza de un gobier­no multipartidario.

El fuerte temporal se acelera de golpe con las huidas de alemanes del Este al Oeste, en sep­tiembre y octubre. Quienes no se van deciden bajar a las calles y manifestarse para hacerse oir. El 9 de octubre, ya son 70.000 en Leipzig. A par­tir de ese momento, la R.D.A. se encuentra en el ojo del ciclón. Todos los lunes desfilan medio millón de personas en Leipzig, Dresde y Berlín Este. El huracán que se abate sobre el comunis­mo ha comenzado. Todos están en la calle (el 4 de noviembre ya suman un millón en Berlín Es­te) y se imponen; el régimen hace aguas. !El muro de Berlín cae el 9 de noviembre después de la dimisión del pleno del PC! Venus atraviesa la conjunción Urano-Saturno-Neptuno, al mismo tiempo que el Sol y Mercurio se hallan junto a Plutón. La brecha en el muro es el torrente de la historia que, en su vértigo, se lleva consigo todos los diques levantados por la postguerra. Los co­mentarios son unánimes: «días que sacuden al mundo»; «el mundo comunista se está desmoro­nando ante nuestros ojos»; «la historia sorpren­de a todos con el derrumbe del sistema comunis­ta»; «la descomposición del bloque del Este prosigue a ritmo vertiginoso»...

El temblor sacude a toda Europa del Este. Atravesado el muro de Berlín, en octubre Hun­gría entra en el baile; el pueblo regocijado derro­ta sin tardanzas a los gobernantes en el poder. El 17 de noviembre, también le llega el turno a Bul­garia, con manifestaciones masivas en las calles, para sacudir las columnas del templo stalinista. El mismo día, como si se hubiesen dado cita, 40.000 estudiantes desfilan en Praga. El 24 de noviembre, bajo la vertiginosa presión popular de una Praga alzada, el presidium del partido co­munista checoslovaco, con el secretario general Milos Jakes a su cabeza, presenta su renuncia en bloque. Pero serán necesarias siete grandes ma­nifestaciones, una huelga general de 2 horas el 27 de noviembre y nuevas amenazas (las mani­festaciones se producen bajo fuertes nevadas) para que el régimen se desequilibre definitiva­mente. El marxismo agoniza: Alemania del Es­te, Hungría, Bulgaria, Checoslovaquia..., los partidos comunistas se disuelven; los Honecker, los Kadar, los Husak, todos estos «duros» que conservaban el poder desde hace decadas, desfi­lan, barridos uno detrás del otro llevados por la misma tempestad; todos esos países habrán pro­clamado antes de fin de año la abolición del pa­pel dirigente del P.C., teniendo ya como dirigen­tes a hombres nuevos de todos los horizontes po­líticos (¡el disidente Vaclav Havel es nombrado presidente de la República Checoslovaca el 29 de diciembre!). Ante la perspectiva de eleccio­nes libres...

El punto crítico debía presentarse con los trán­sitos de Mercurio y el Sol en conjunción al trío Urano-Saturno-Neptuno. A su paso, Rumania comenzó a despertarse el 16 de diciembre. Seis días bastarían para terminar con una dictadura tan terrible. Una convocataria a la población de Bucarest para aclamar a la pareja Ceausescu en la plaza mayor de la capital, se convirtió en una rechifla general. El desafío ya ha sido lanzado. Se trata de una insurrección general: se mani­fiestan con una temperatura de 20 grados bajo cero. El día 22, los Ceausescu son detenidos en plena huida, luego juzgados y ejecutados el 25.

En enero, además, y bajo el mismo tránsito solar, estalla la revuelta en la misma URSS, con el cese del PC lituano del PCUS, manifestacio­nes de independencia en Mongolia y una guerra civil en Azerbaidjan; sin considerar la llegada de Marte sobre la conjunción durante la segunda quincena de febrero...

Al cabo de esta experiencia, es difícil negar que el simple examen de las efemérides astronó­micas permite preestablecer una cronología del futuro. Ciertamente, muchos «espíritus fuertes» entenderán que tales resultados no significan nada. Pero como no tienen nada mejor que pro­poner, ¿qué importancia se le puede otorgar a tales negativas? Para ellos, debemos cometer el inexcusable error de hacer previsiones correctas sin razones. De todas formas, más vale esto que lo inverso, es decir, prostituir su razón por temor a no tener éxito y no lograrlo igualmente. Ello no impide que no podamos llegar más lejos den­tro de los límites del testimonio de la buena fe y la buena voluntad. El engaño y la superchería son eliminados de oficio: el intérprete no puede ser acusado de comportarse como el deus machi­na que fabrica la historia para darse la razón, ya que se trata de una apuesta de larga duración so­bre el futuro.

Durante la espera, habremos alcanzado nues­tro objetivo: demostrar que la verdad de la as-trología se corresponde con la historia, conside­rada «a lo vivo»; y, al mismo tiempo, hacer de la previsión experimental el arma de persuasión más eficaz, así como la aventura intelectual más elevada y más pura de un astrólogo.

 

Mercurio 3 - N° 19 – 3ème trimestre 1990